Category Archives: Personal

Ella

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La frustración se apoderaba de mí día a día. Un desfile fantasmal cruel que avanzaba frente a mis ojos y usaba un modus operandi casi calcado: hola, café y adiós. La visión de ver venir lo inevitable se me antojaba casi macabro. ¿Otra vez? Y sin remedio lo aguantaba, apretando los dientes.

Pero como si de una premonición se tratara, una última fuerza surgió de lo más hondo de mi ser. De entre las páginas, un nombre cualquiera y un pueblo conocido.

La desgana se había apoderado de mí, y cual robot, solo hacía lo que mi trabajo me había enseñado muy bien: escribirle a una persona en la distancia. No había ilusión.

Una voz interior me preguntaba, me interrogaba. ¿Sería distinta? ¿Saldrá ésta del desfile? Nunca hubiera supuesto cuán distinta iba a ser.

Pero el destino era caprichoso, y como un último juego, me puso a prueba. Semanas sin noticias y viendo cómo mis palabras caían en el saco roto de la red. A mi mente se le devolvía un error continuo: “destino inaccesible”.

Pero no sufría. Ya no. Era un robot, un programa que comprobaba si mi destino estaba disponible. Y no lo estaba.

Y seguía buscando. Y seguía sin encontrar.

Y un día el destino respondió. Sin ganas. ¡Pero respondió! Un avance. Y la voz me avisaba: “chaval, cuando iguale a las demás, estarás en el mismo sitio”. Y tenía razón. Un paso tan minúsculo como desesperante.

Pero la voz calló cuando vio de cerca lo que ya no era un fantasma. Apenas se alejó de la pasarela, acercándose a mí, dándome esperanzas, pero de una manera difusa.

Era nuestra primera cita, y estaba a punto de llegar al mismo sitio que con las demás. Mas por un instante me pareció reflejarme en un espejo cuando la pregunta que yo solía hacer, me la hizo ella a mí: “¿Nos volveremos a ver? ¿Sí? ¿Me lo prometes?”

Pensé que esto cambiaba la situación, pues ella parecía vivir mi misma desesperación. Dos caminos que se unen en el mismo punto, en un cruce donde los demás sólo habían construído un puente para esquivarnos.

Y la promesa de una nueva cita nos devolvió la ilusión a los dos. Dos desconocidos intentando superar los fracasos de gente sin piedad.

Y el destino hizo su trabajo, botando dos barcos que comenzaron a navegar juntos.

Los nervios de los primeros meses se relajaron y las vivencias comenzaron a escribir el libro de la vida de los dos enamorados. Sin destino marcado, pero con camino por recorrer.

Los días se convirtieron en meses, y los meses en años, llenando los corazones de vivencias, viajes, risas y planes.

El pueblo de Chipiona se convirtió en mi segunda casa y los cortos fines de semana conformaban un calendario que pronto se haría habitual.

Un calendario que deshojándose, asentaba las bases de una relación y su convivencia.

Necio de mí, la preocupación de aquel chavalito que se lamentaba por no saber si podría vivir en pareja dio paso a la responsabilidad de la paternidad. Responsabilidad que será eterna, sin marcha atrás, pero con una gran recompensa.

No cambio nada de lo que hice, y volvería a vivir aquellos días, semanas y meses, donde todo se magnificaba, donde el tiempo se ralentizaba, las estrellas brillaban para que ella y yo pudiéramos andar el camino sin que nada ni nadie nos detuviera.

No cambio aquellos largos días, aquellas charlas, aquellos interrogatorios mutuos donde poco a poco íbamos viendo la similitud. Un mapa mental de quién era aquél que no conocíamos.

No cambio mi declaración, la primera de mi vida, y que me dejó sin palabras por primera vez. Un locuaz y dicharachero chico que siempre tenía que elegir de entre muchas ideas, en aquella ocasión tuvo que luchar con su mente, rogándole que le diera alguna para expresar lo que quería. La sacó, y no la cambio por nada.

No cambio los días esperando el fin de semana, ni el largo viaje hacia el encuentro.

No cambio la sensación desde aquel entonces de pensar siempre: “Llevo a alguien a mi lado; ahora somos dos”.

No cambio la sensación de pensar que ya no estoy solo. Ni aquella alegría al pensar que tengo una pena menos.

No cambio por nada la sensación de quitarme la losa de mi espalda y respirar aliviado.

No cambio por nada cada segundo de mi vida desde que la conocí.

Y por supuesto, no la cambio a ella por nada.

Sólo nosotros tenemos las riendas de nuestra relación. Y podrán pasar huracanes y tifones para separarnos, mas ninguno cejaremos en nuestro empeño. No nos dejaremos derrotar y siempre lucharemos, por nosotros, por los dos, los tres o los que con buena fortuna, formen nuestra familia.

Y no acabaré con un tópico. Quizá demasiado visto en el lenguaje. Mis palabras están dichas, y no son dos, sino varios cientos. Y van para ti. Y ninguna será desdicha en el futuro, como siempre he presumido y sigo presumiendo.

Dame la mano y continuemos el camino.

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27 de diciembre (5 años después)

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Hace ya 5 años de esta entrada.

Cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando la escribí y ya han pasado 5 años.

Muchas veces me he planteado, ¿qué me diría si pudiera ir al pasado y hablar conmigo mismo? Y siempre llego a la misma conclusión: realmente nada, porque soy lo que soy porque hice lo que hice. Si no fuera así, todo sería diferente. Efecto Mariposa, lo llaman.

Pero dejando a un lado las cuestiones metafísicas, y actuando de corazón, creo que me preguntaría qué pienso del futuro. Hacerme preguntas que antes no me hacía, por miedo a la respuesta.

Aquella entrada del 27 de diciembre del 2007 hacía un repaso de la infancia de aquél niño nacido en el 81.

Hoy quiero repasar estos cinco años.

Aquella persona de la que hablo en la entrada, ya no es tan cercana, pero todo acabó bien, algo que gráficamente se vería como un apretón de manos y un “gracias por todo”.

He conocido a grandes personas en estos 5 años, personas que me han dado mucho y me han enseñado.

Entre ellas destaco a Antonio, un gran jefe y mejor persona. Las circunstancias son las que son, y no las voy a decir, pero me enseñó que hay gente que hace lo que haga falta por hacer las cosas como su corazón le dicta, a pesar de todo. Ese hombre me marcó mucho, y le debo tanto, que creo que nunca podré agradecérslo lo suficiente.

A todos los integrantes de Acelerados Networks, una empresa en la que aprendí mucho y me dio grandes momentos.

Cristobal, qué decir de él. Todo lo que pueda decir es poco. Me ha dado y me sigue dando muchas lecciones de vida y profesionalmente he evolucionado mucho gracias a él.

Y mi niña. Mi gran amor, el que siempre he estado buscando. Alguien que esperaba con ansia, y ya lo he encontrado. O ha venido a mí. El caso es que a día de hoy, la vida es diez mil veces mejor gracias a ella.

Veréis, si por algo me gustaría hablar con aquél Óscar de 26 años (o de cualquier edad), es para preguntarle por las parejas, su futuro amoroso, etc. Sé lo que pensaba, pero hay preguntas que sólo podría contestarla allí, in-situ.

Dependiendo del momento, contestaba una cosa u otra. Nunca nada radical, pero siempre con un toque melancólico, como esperando, como recordando el futuro, algo que podrá ser y quizá tarde en llegar.

Preguntas a veces sin respuesta y otras con respuesta a medias. Si hablara con él, seguro que me diría que no pierde la esperanza, pero no sabe cuándo llegará. Lo ve lejos, pero no imposible.

La conversación entre yo y mi yo del pasado sería más o menos así:

-Oye, ¿cómo te ves en el futuro desde el punto de vista amoroso?
-No sé, la verdad. Todo lo veo turbio. Mi futuro amoroso es algo que jamás he visto claro.
-¿Cómo te gustaría estar?

Se quedó pensativo un rato y luego dijo:

-Una chica, viviendo juntos, compartiendo momentos, de la que me sintiera orgulloso, sin complicaciones… como papá y mamá. Tú sabes, fluído, sin pegas, peleas ni riñas.

Se quedó callado un momento, sonrió con aire romántico y luego añadió:

-Me veo paseando por la playa, viendo el atardecer, cogido de ella de la mano. Hablando de todo.

Eso me recordó mi primer día con mi novia. En la Cruz del Mar de Chipiona, viendo ponerse el sol, charlando. Pero no dije nada. No era bueno darle pistas, o podría estropearse todo. En lugar de eso, le hice una pregunta dura, pero que siempre había estado en mi mente.

-¿Confías en ti para una relación?
-No. Sinceramente, desconfío mucho de mí, me da miedo no estar a la altura. Creo que papá y mamá han puesto el listón muy alto, y ellos empezaron antes. Lo veo tan idílico, que pienso que todo lo que venga será peor, y me da miedo no saber cómo reaccionar.
-Todo es cuestión de proponérselo, y es cosa de dos, ya sabes. Si con alguien no estás bien y no es lo que crees, lo podéis dejar.
-Ya, eso es muy fácil de decir, ¿pero quién se separa de alguien después de buscar tanto? Dudo mucho que tuviera furerzas para encontrar a alguien luego si me pasara algo así.

Se me vinieron a la cabeza muchas chicas que conocí y que tuve que dejar por no ser lo que buscaba. Es increíble la fuerzas que saca uno en momentos difíciles. El amor todo lo puede. Le dije algo que le irritaría, pero tenía que decirlo:

-Tendrás que hacerlo. Créeme, tendrás ocasiones en las que no te compensará para nada.
-¿Y me quedarán fuerzas? ¿En serio? ¿De dónde sacaré las fuerzas?
-Del día a día, amigo. No habrá nada más potente que la perseverancia, y te darás cuenta tarde o temprano. ¿Recuerdas esos golpes de la vida que todo el mundo habla y que te hacen despertar y aprender? Pues esos te harán ser paciente, y seguir buscando.
-¿Lo conseguiré?

Me quedé pensativo un momento, sopesando la respuesta. No era fácil responder sin alterar el futuro. Me encogí de hombros dándole a entender que tendría que descubrirlo por sí mismo. Y añadí:

-Mírame a la cara y dime qué ves. Sé que puedes.

Me miró fíjamente. Su mirada irradiaba tristeza, como si le faltara la mitad de su vida, como si estuviera a medias. Esa mirada era de un hombre menguado por sus circunstancias. Se veía inseguro. Sus ojos vagaban cuando se distraía. A veces miraba a un lado, recordando; otras veces miraba al otro, inventando su futuro, navegando por situaciones y mundos que nunca existieron. Me dio pena de aquel muchacho, porque no vivía el presente, siempre se refugiaba en el pasado, otras en el futuro.

-Te veo muy maduro -dijo por fin, con un toque de envidia-. Madre mía, lo que daría por tener tu sabiduría y seguridad ahora mismo. Te ves feliz, es como si alguien con una varita mágina te hubiera tocado y hubiera dado la vuelta al calcetín. No veo duda en tus ojos. No veo la razón o motivo por el cuál puedo llegar a evolucionar tanto en tan poco tiempo.
-Quizá sí lo sepas -añadí recordando mi gran cambio en la vida-. Piensa en tu cambio de personalidad en 4º de ESO. ¿Recuerdas? Pues algo así te ha pasado.

Le cambió la cara, agachó la cabeza y dijo sin mirarme:

-¿Habrá otra como esa? ¿Tan mal estoy y no me doy cuenta?
-No es que estés mal, Óscar, es que siempre hay algo que aprender. Yo sé que ya has apreciado lo que te ha pasado por tu vida, pero también sé que envidias otras cosas y te lamentas en cierto modo de no tenerlas por haber sido lo que eres. Pero gracias a eso, serás como me ves. Y créeme, yo sé que a mí me queda muchísimo por aprender y muchos cambios como este que ves entre tú y yo.

Me miró y sólo dijo:

-Imagino.

Agachó la cabeza otra vez y me dijo con tono de súplica:

-Dime al menos si voy a encontrar a alguien.
-Mírame otra vez, Óscar. ¿Me ves feliz?

Afirmó con la cabeza mientras me miraba evitando mirarme a los ojos.

-¿Entonces qué importa si he encontrado a alguien o no? Estoy feliz, quédate con eso.

Me miró a los ojos y con sonrisa irónica (casi sarcástica), me dijo:

-Venga ya, Óscar. Eso no te lo crees ni tú. Sabes que lo que más quiero en este mundo ahora mismo es una pareja estable. Si no tuvieras a alguien no ibas a estar tan feliz. Dudo mucho que haya habido algo tan grande que te haya hecho cambiar de opinión tanto.

Esta vez fui yo el que agachó la cabeza. Tenía razón. Si no tuviera a mi novia, no estaría tan feliz. Yo mismo me veo en las fotos y la diferencia es avismal.

Me despedí de él deseándole mucha suerte y sólo dándole un consejo: que siguiera lo que le dictara su corazón.

Fue una conversación muy interesante. Me hubiera gustado decirle lo de mi novia, cómo la conocí, qué hemos hecho desde entonces, los recuerdos que tengo de estos dos años… Aunque esto lo reservo para la siguiente entrada. Hoy quisiera acabar diciendo que sin mis amigos y familiares cercanos jamás hubiera llegado donde estoy.

Mención especial para mis amigos Javi, Itziar, Nacho, Ana, Paco y Jose Mari. Sin ellos y los buenos momentos que hemos pasado juntos, hubiera sido imposible llegar adonde estoy.

Y evidentemente para mi niña. Sin ella no estaría donde estoy y no sería tan feliz. Te reservo la siguiente entrada para ti sola.

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Soledad

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Cuenta la historia fantasmal
de un chico en su alcoba
con la única compañía
de un monstruo digital
que junto a él mora.

Con su triste alegría,
letras centelleantes
narran lejanas vivencias,
imágenes que muestran
la soledad de otras almas
que sin miedo se exponen
para paliar sus tragedias.

Una casa abarrotada
cuya silenciosa cháchara
habita en cada rincón,
y donde la vida fluye
bajo la brillante luz apagada
de una solitaria habitación.

Cenas multitudinarias
cuyas vacuas sillas
y el insípido manjar
aumentan el idilio
de una triste alma
y su solitario pesar.

Horas que parecen días,
días que fluyen lentos
y una nueva ilusión
con aquella esperanza
de alegrar el camino
del desértico corazón.

Mas otra vez el silencio
de una semana cuyos meses
amenazan con romper
la quietud de las olas
que animaron la vida
de aquel solitario correr.

Palabras que el viento arrastra
con un silencio abrasador
y pensamientos fluyendo
en una errática mente cansada
de las vueltas que dio
tras cientos de años
en la misma situación.

Humano de esperanza,
humano de sentimientos futuros,
vivencias no llegadas
y el recuerdo de las que fueron,
que avivan el fuego del corazón
herido por las palabras
que no se dijeron.

Vagando por parajes de asfalto,
el futuro de una rica vida
no apacigua el incesante dolor
de la soledad que se avecina.

Con latido que se apaga
y alma que no ríe,
un lúgubre fantasma vaga
entre lejanas risas compañeras
mitigando el punzante dolor
de los largos días sin fronteras.

De entre la multitud
de una sociedad solitaria
suscribe estos pobres versos
una tristeza que esconde
una realidad no contada
y esperando queda
que la afinidad encontrada
no sea de fantasía,
pues de ese monstruo digital
florezca una hermosa rosa
de un amor y su alegría.

angro
Soledad
6 marzo 2010
CC-BY-NC-SA

Siento que no tenga una estructura concreta ni buenas rimas, pero nunca he escrito poesía y lo he hecho en un rato tal como lo iba sintiendo.

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Sufriendo el amor

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Junto al amparo de un fenicio atardecer, el paganismo de su gracia esconde el secreto de su belleza.

Aquellos cuatro ladrones en un lustro me robaron, dejando mi alma sin consuelo; mas mi abjuración jamás obtendrán, y por siempre reclamaré lo que desde entonces ansío sin descansar.

En el resplandor de su mirada se refleja la inocencia de su ser, guardando en un rincón la inteligencia de casi dos décadas a la sombra de su propia mente.

Ningún parecido la atrae, ninguna gracia presuade a su alma, aunque su risa hacia mí, carga a mi corazón del regocijo de su resonar.

La carretera es mi enemigo, y mi lento avance responde a un capricho de mi destino. Mas en estos momentos cuya cercanía no responde a mi única voluntad, un rayo de luz ilumina mi existencia, divisándose un pequeño candil que guía el camino.

Su silencio no calma mi desconsuelo y su pasmo ante la reiterada revelación prevé la continuación de la desdicha, no quedando más que mi soledad.

Y la Red se burla una vez más, trayendo su imagen para hacer pedazos mi alma, y mientras esta mofa resuena, unas palabras a un desconocido le ponen título, enfatizando el destino de este pobre solitario, cuya visión del amor parece desdibujarse entre letras y números en los que doce horas componen el único consuelo al que es capaz de aferrarse.

Es una eterna agonía hecha pública, en la que la cercanía personal al ser amado la convierten en un dolor insufrible del que no se puede escapar más que con el remiendo adecuado, mas la luz no se acerca y el tiempo pasa sin que nada en este mundo acerque su mano a la mía y pronuncie esas dos palabras mágicas que convertirían mi existencia en un camino de rosas.

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La paradoja de buscar pareja

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Hay veces en las que tu mente de dice que te falta algo, que tu vida está vacía, algo que no te puede llenar ningún artefacto material. Te falta una pareja, alguien con quien compartir tu tiempo, tus experiencias y tus aficiones; alguien a quien querer, amar y de quien ser amado, ser querido; alguien con quien pasar lo mejor de tu vida, convertirla en el centro de tu existencia…

No sabemos por qué ocurre, ni por qué es tan fuerte esa sensación, pero tarde o temprano nos pasa. Si tienes suerte de que encuentras a tu pareja antes de que te ocurra, felicidades, eres uno de los pocos privilegiados que no le pasa.

Para muchos les resulta fácil encontrar “pareja”, ya que se arrima a la persona que menos asco le dé e intenta seducirlo/a. Es una costumbre muy extendida. Hoy estás con una persona, mañana estás con otra. Lo más curioso es que, en la mayoría de los casos, estas parejas terminan despreciándose el uno al otro. Y es ahí donde te das cuenta quiénes han estado por estar y quiénes han compartido una experiencia bonita.

Pero es muy curioso ver otra cosa. El tiempo medio sin pareja de este tipo de personas no llega al año, y en muchos casos ni siquiera pasan unos pocos meses.  Llegan a tener varias parejas (muchas, en algunos casos) antes de encontrar a la definitiva.

No digo que ser así sea mala costumbre. Es una forma de ver la vida como otra cualquiera. El que lo haga es porque es feliz.

Otra cosa sería hacerlo por no estar solo, pero sufrir lo indecible con cada nueva pareja. Esa sí me parece una costumbre absurda, porque no se está disfrutando.

Pero ahora viene la paradoja. Mientras seas una persona que busca pareja y la encuentra fácilmente (aunque te dure poco), pues vas pasando bien el día.

Pero imagina ahora que eres una persona que no puede tener pareja tan fácilmente, y que, por tu forma de ver una relación, tu vida sea una contínua soledad amorosa. Quizá sea por tu forma de socializarte, o porque no te gusta ir saltando de flor en flor, o porque eso de “ir de caza” no es lo tuyo, y te gustan las relaciones más naturales… Quién sabe. Lo único que sabes es que tienes XX años y no tienes pareja.

Sabes que, a menos que estés en la tercera edad, no debes desesperar. Sabes que el amor puede llegar en cualquier momento, de quien menos te imaginas, y será para siempre, o quizá te haga vivir muchos años agradables. Sabes que esa desesperación que tienes es irracional, no es lógica.

Pero hay veces en los que esta forma de pensar no se ve tan clara. Aunque seas una persona positiva, sin miedo a los problemas y con recursos, te encuentras entre la espada y la pared.

Por una parte, no te gusta salir de marcha, no te diviertes, no te lo pasas bien porque el barullo, la algarabía y la muchedumbre no terminan de gustarte. Eres tranquilo, te gusta ir a heladerías, cafeterías, restaurantes, a la bolera de la esquina o al cine. Te diviertes más en una barbacoa con amigos que en una discoteca repleta de gente sin poder hablar ni hacer nada.

Bien, pero ya sabes el dicho: “el que algo quiere, algo le cuesta”, así que no descartas salir de marcha. Pero te encuentras con otro escollo, porque has elegido bien a tus amigos, en tu afán por tener amigos afines a ti. Y eso supone un problema en esta situación: a ellos tampoco les gusta salir. Luego te planteas que si ellos tampoco les gusta salir, tendrán sus métodos para conocer gente. Pero te das cuenta de otro problema: todos tienen pareja. Sí, todos tus amigos tienen pareja, y ninguno se salva.

Y tu mente empieza a agobiarse, porque ve que se le acaban las ideas. ¿Qué vas a hacer? No puedes plantarte en una cafetería y entrarle a la primera chica que pase por tu lado. Sabes que algunos lo hacen, pero tú no eres así, no te sale, y no serás natural. ¿Qué más puedes hacer?

Sí, eso es. El silencio por respuesta. Te planteas que quizá tengas pocas ideas por verlo desde dentro, y que la situación te ciegue. Así que vas a tu colega, con el que mejor te llevas. Y le preguntas. Y tus esperanzas se ven rotas cuando él empieza a elucubrar y a buscar soluciones… y todas llevan a un punto muerto sin que tú abras la boca. Te das cuenta que la situación no es así porque lo veas desde dentro, sino porque en realidad es así. Tu colega se da cuenta que no estás así por gusto, y que recurrir a él es algo más que el fruto de la desesperación momentánea.

Pero no te ofrece soluciones. La única que te ofrece es la que tú te habías planteado, y la cual supone el desembolso de 30 € al mes o 60 si pillas la super-hiper-mega-oferta de 6 meses. Sí, esa web que todos estamos pensando, el recurso de los desesperados y la que nadie se plantearía nunca visitar porque nadie lo ve natural.

Y ahora yo lanzo la pregunta. Si tu mente y tu corazón no paran de decirte que te falta algo y que lo necesitas ya, ¿qué haces estando en esta situación? ¿Luchas contra ti mismo y te convences de que puedes pasar sin ello? ¿Pagas los 60 € y “que sea lo que Dios quiera”? ¿Encuentras otra solución no contemplada en esta entrada?

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Mi nuevo piano

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El jueves pasado (21/09/2006) fui a recoger mi nuevo piano. No es un piano técnicamente dicho, ni un órgano. Se trata de un Clavinova, de la marca Yamaha. Estos pianos se caracterizan porque tienen numerosas funciones aparte del piano tradicional e incluso poseen pedales.

¿Precio? 2975 €. ¿Mucho dinero para un piano? Bueno, otros se gastan miles de euros en modificar su coche para nada. Yo, al menos, no lo hago para vacilar.

Mucha gente me han dicho “eso es un capricho” y yo he dicho “un capricho que me ha durado más de 20 años”. ¿No creéis que son muchos años para que sea un capricho? Y más yo, que si se me antoja algo y a los dos días no lo tengo, me olvido de ello.

No, no es un capricho. Es, como se suele decir, mi asignatura pendiente. Siempre me ha entusiasmado el piano, y siempre he querido aprender. Y ahora que estoy trabajando, con ahorrar un poco, he podido comprármelo.

Y ahora viene la segunda gran crítica: “¿y no hubiera sido mejor empezar con un órgano pequeñito y luego comprarte el armatoste ese?”. Pues no, por dos motivos fundamentales.

Primero, el Clavinova tiene las teclas con efecto martillo, es decir, simula el efecto que tienen los pianos tradicionales al pulsar una tecla. Esto es muy útil porque si aprendo en un teclado o en un órgano, voy a acostumbrarme mal y voy a aprender a tocar con la sensibilidad que te da el micropulsador que tienen las teclas debajo. Si, por el contrario, aprendo con un piano que tenga ese efecto martillo, tendré que aprender con esa dureza, y luego no me costará tocar en un piano normal.

El segundo motivo es porque yo necesito motivación. Yo no puedo empezar con una mierdecilla de teclado porque me aburriría en seguida. Yo necesito tener la motivación de decir “coño, estoy tocando en un piano que se puede considerar profesional”.

Otra de las preguntas que me hacen es: “¿Y te has apuntado en el conservatorio o a algún profesor de piano?” Pues no, y os voy a dar la explicación.

Primero, que soy autodidacta, y los que lo sean, me comprenderán. El autodidacta no puede esperar a que alguien le enseñe porque él mismo puede aprender por sí solo. Sí, ya sé; lo que te enseña un profesor no te lo puedes aprender por ti mismo. Pero es que ese es precisamente el problema. Yo aprenderé lo que me vaya haciendo falta y cuando me vaya haciendo falta. Y, al final, cuando me quede parado en un punto en el que no pueda seguir, entonces será cuando me compre un curso de piano o un libro o lo que sea. Pero mientras tanto, seré yo el que decida cuándo y qué aprender.

El segundo motivo es que al ser autodidacta, yo marco el ritmo. Por regla general, los profesores tienen un ritmo muy lento y para cualquier chorrada tardan días. Muchos dirán que de eso se trata y para eso lo hacen. Sí, lo sé, pero es que yo, con mi método y ritmo personal, soy más eficaz y lo llevo todo para adelante. Además, se me queda todo porque yo sé lo que hacer para que se me quede. De hecho, un día después de la compra ya sé relacionar, casi instantáneamente, muchas de las notas vistas en una partitura con las teclas correspondientes del piano.

Otra de las preguntas que pueden plantear la gente es: “¿Y si te surge una duda que no eres capaz de respondértela por ti mismo?” Si dices eso es que no eres autodidacta jajajaja. Ser autodidacta significa buscarse la vida sea cual sea el problema. Precísamente ahora tengo uno relacionado con la postura de las manos. ¿Crees que me preocupa? Pues no, porque en cuanto me ponga a buscar por Internet seguro que encuentro algo, y si no, ya lo he dicho antes, me compro un libro de piano o un curso de CCC y se acabó.

Espero que se hayan entendido mis motivaciones. Ya sólo me queda decir el modelo de Clavinova. Se trata del CVP-303.

Ahora mismo estoy empezando con “Para Elisa” de Beethoven. El principio ya me sale un poco.

Os iré poniendo canciones en Youtube conforme las vaya aprendiendo.

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Bondad o malicia v2.0

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Realmente no tiene nada que ver con mi anterior artículo, pero me ha parecido un buen título.

No voy a exponer el caso concreto porque no es plan, pero contaré cómo me siento.

A veces soy tonto y otras veces gilipollas. Yo soy de los tontos que cuando queda con alguien, va. Menuda estupidez, ¿no? Más de uno pensará: “joer que tío más gilipollas”. Pues sí, qué le vamos a hacer, es un defecto.

Pero es que además, eso no es todo, porque encima, si me surge otra cosa, digo que no puedo porque ya tengo otro compromiso. Es impresionante lo gilipollas que puedo llegar a ser, ¿eh? Pues es así.

¿Por qué digo esto? Porque por regla general, la gente no piensa en su primer compromiso, sino en el mejor. Es decir, si a alguien le sale un primer compromiso de hacer una cosa y luego le sale otro, y el segundo le gusta más, cancela el primero y hace el segundo.

¿Bondad o malicia? No creo que sea ninguna de las dos cosas; simplemente, egoísmo. ¿Qué más da que todos los planes de terceras personas estuvieran puestos en ti? Da igual, tu misión es mirar por ti, porque, si tú no miras por ti, ¿quién lo hará?

Pues angro. El imbécil de angro que piensa en los demás. El imbécil de angro es el que va a mirar por mí si yo me despisto.

Y mientras, ¿qué? Pues mientras, angro sufre las consecuencias de no asistir a un segundo compromiso por su maldita bondad y palabra de honor. Angro sufre el enfado de algunas personas por caer bien a otras. Angro sufre la ira de otras, por olvidar enfados anteriores, ¿verdad, ***?

Angro sufre enfados de gente y pone la otra mejilla porque no quiere hacerle daño. Angro ve cómo una persona le dice cosas que no desea y angro pone su tercera mejilla, ¿verdad ***?

Y todo eso, ¿por qué? Por ser bueno. Eso le pasa a angro por ser absurdamente bueno.

La gente no piensa en ti; la gente no piensa en que van a descolocarte un fin de semana entero. Y sin embargo, yo sí lo hago. Yo lo hago y cancelo compromisos por asistir a otros que ya tenía en mente; aunque el segundo me compense o me guste más.

No se puede ser bueno. La gente me está haciendo ver que en la vida hay que ser un cabrón. La gente me ha demostrado que no hay que molestarse por nadie. No se puede pensar en los demás, porque el que sales mal parado eres tú. La gente no se para a pensar el daño que te hace de forma inconsciente o consciente. La gente lo hace y punto. Hay que ser así.

****, sabes que este artículo es por ti. Lo sabes porque te lo he dicho. Pero no me lo tomes en cuenta; el vaso estaba a rebosar y no era culpa tuya. Tú has tenido la mala suerte de añadir la última gota. Llevo una semana en la que cada día hay un poco más de agua, y el vaso ya estaba hasta la mitad debido a acontecimientos anteriores. No te culpo. Ya hablaremos, amigo.

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Hablar para las paredes

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Desde siempre he sido una persona que mis estados de ánimo han estado muy visibles. Es decir, que cuando estoy contento se me nota, igual que cuando estoy triste o cuando me sorprendo por algo. Tiendo a intentar contagiar este sentimiento cuando hablo con alguien, pero lo cierto es que pocas veces funciona.

De un tiempo a esta parte, me estoy dando cuenta que la gente pasa de mí cuando cuento algo, hasta el punto de demostrar sentimientos totalmente contrarios al que yo tengo. Por ejemplo, le cuento a un colega algo que me ha llamado la atención, y me muestro sorprendido por lo que vi, y mi colega, en vez de mostrar interés por lo que digo, apenas me escucha. Me mira como diciendo “joder, menuda chorrada”.

Cuento esto porque estoy harto de que la gente no muestre interés por lo que cuento. Estoy pensando que quizá debería ser como ellos y contar las cosas como el que cuenta ovejas. El que se quiera sorprender, reír, llorar o mostrar algún tipo de sentimiento por lo que digo, que lo haga, pero que no esperen que yo lo muestre al contarlo o al escucharlo.

A muchos no les importará en absoluto esto que estoy diciendo, pero otros se pararán a pensar lo que digo y quizá me den la razón. ¿Somos tan egoístas que nos importa una mierda lo que diga otro o cómo lo diga? ¿Somos tan crueles que no somos capaces de mostrar un poco de atención por lo que dice alguien?

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Mi blog

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Buenas a todos.

Supongo que los que vean este blog serán los que intentan entrar en mi página para ver si la he subido por fin. Bueno, he de decir que, lamentablemente, a la web le veo poco futuro ya que no tengo diseño y tampoco tengo diseñador. El único que tenía desapareció en combate jajaja y sus últimas palabras fueron “angro, no me gusta el diseño que acordamos, buscaré otro” jajajaja. Conozco a otro diseñador, que es mi jefe, pero está tan liado que difícilmente podré pedirle el favor de que me haga el diseño de mi web.

En un principio me hice un blog en la web de microsoft, pero es superior a mí, no aguanto a esta gente ni para eso jajaja. Así que aprobechando que tengo un alojamiento en el servidor de mi empresa (www.naturedigital.net), he decidido instalar un weblog para escribir mis cosas y que no se desaproveche el espacio.

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