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Sobre el Todo

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Navengado en busca de explicaciones sobre la teoría de las 10 dimensiones que propone la ciencia, me encontré con algo en mi propio idioma sobre la teoría de la relatividad.

¿Sabíais que la luz es lo único que viaja a velocidad constante sin variar? Y muchos diréis “no es tan raro”. Ya, visto así, sí, pero si os lo explico de otra forma diréis “no puede ser”.

Tenemos un coche viajando a 100 km/h y le adelanta otro a 150 km/h. Teóricamente, un peatón parado en la acera, verá uno a 100 y el otro a 150. Sin embargo, el coche que viaja a 100 km/h verá cómo el otro le adelanta a 50 km/h. Es lógico, ¿no? Es imposible que veamos al coche de nuestra izquierda adelantarnos a 150 porque entonces iría a 250 km/h (los 100 km/h nuestros más los 150 km/h a los que nos adelanta). Bueno, pues según el hombre de los pelos revueltos (Einstein), la luz sí lo hace.

Me explico. Si nosotros viajamos a la mitad de la velocidad de la luz, y nos adelanta un fotón viajando a la velocidad de la luz, tanto nosotros como el peatón parado en la acera veremos que el fotón viaja a la velocidad de la luz. ¿Cómo puede ser? A mí no me lo preguntéis, yo sólo soy informático. El caso es que lo miremos como lo miremos, según Einstein, la luz siempre, siempre, siempre viaja a la velocidad de la luz, se mire como se mire.

Es lo que yo llamo una velocidad en condiciones. Con esa velocidad no hay Schumacher que te gane.

Luego, pensando un poco en todo lo que hay y no hay en el Universo, he llegado a preguntarme “¿Qué coño había antes del BigBan?”, en el supuesto caso que lo hubiera, claro. He llegado a la conclusión de que nuestra pequeña mente no da para tanto todavía.

El ser humano se puede reducir a una pregunta “¿Y más allá qué más?”. Siempre estamos con aquello de saber qué puede haber más allá. Y acabo de descubrir que somos paradójicos. Resulta que no sómos capaces de entender el infinito al igual que no podemos concebir el finito. Me explico.

Si a vosotros os digo que el Universo es una bola inmensa que acaba en un borde donde ya no hay más nada, vosotros diréis: “Algo debe haber más allá, porque, sino, ¿dónde está ese Universo almacenado?”. ¿A que lo pensáis? Pues bien, ahora vamos en el caso contrario. Si os digo que el Universo es un enorme vacío infinito que no acaba nunca, vosotros diréis: “¿Cómo va a ser eso? Tiene que tener un fin”.

Una paradoja en toda regla. No concebimos ni el infinito ni el finito. No podemos pensar que algo se acaba, porque algo debe haber más allá. Sin embargo, no podemos pensar que algo no se acabe, porque un fin debe tener.

Somos un lío. Sin embargo, si empezamos a sobrecalentar nuestro cerebro pensando qué podría ser el Universo, podemos llegar a muchas conclusiones. Una es la de imaginar el Todo como algo no espacial. Quizá lo que contiene al Universo sea una singularidad cósmica. Paso a explicar esto.

Una singularidad es un punto en el espacio en la que toda la masa que llega se concentra (incluída la luz). Os sonará de los agujeros negros. Imagináos un punto en el espacio en el que toda la masa que llega se queda allí. Muchos pensaréis que eso no es posible, pero es que eso es lo que los científicos llaman singularidad, debido a que no se rige por ninguna ley que conozcamos.

Vamos con un ejemplo. Imagináos una caja de 1 metro de lado en el que empezamos a meter papel. Llega un momento que por el volumen de los papeles almacenados y por las dimensiones de la caja, no podremos meter más. Pero vamos a obviar eso. Suponed por un momento que podemos seguir metiendo papel en esa caja todo lo que queramos. Imaginad por un momento que esa caja de 1 metro de lado empieza cada vez a contener más y más materia.

Según las leyes de la física, cuando un objeto tiene masa, atrae a otros que están cerca (por eso la Tierra gira alrededor del Sol), y cuanta más sea la masa de este cuerpo, con más fuerza atraerá a los cuerpos que tiene a su alrededor.

Bien, volviendo a la caja, si seguimos añadiendo papel, su masa será mayor, porque cada vez tendrá más materia. Por lo tanto empezará a atraer a nuevos objetos poco a poco a su interior. Si nosotros seguimos metiendo papel a la fuerza, ella a su vez tendrá más fuerza para atraer objetos, hasta que llegue un punto en el que ella sola se alimente y se introduzca a si misma más papel. Bueno, pue llegará un momento en el que esa caja tendrá tanta masa concentrada en un punto tan pequeño que nada podrá escapar a su gravedad… ni siquiera la luz. Cualquier rayo de luz que pase cerca de la caja, será atraído por ésta hacia su interior. Se producirá, entonces, una singularirdad cósmica.

Extrapolando nuestro ejemplo al Universo, un agujero negro es un punto en el espacio de un tamaño pequeñísimo en el que hay tanta masa almacenada que nada puede escapar a ella. No puede escapar ni siquiera la luz; por eso se llama agujero negro.

Ya sé que así a simple vista parece algo inconcebible, pero es así. Es decir, es como si en una caja de zapatos pudiéramos meter todo el mobiliario de nuestra casa, el de nuestros vecinos y todavía siguiéramos metiendo más cosas.

Bueno, pues volviendo a mi teoría del Todo, yo creo que nuestro Universo no es más que un agujero negro de un Universo mayor, que a su vez es otro agujero negro de otro Universo mayor… y así hasta cerrar el ciclo en el que el Universo más grande sea, por ejemplo, un agujero negro de nuestro propio Universo. ¿Algo absurdo? Amigos míos, en estas alturas del pensamiento, todo lo que podamos decir será una locura.

Y creo que por hoy, basta, porque a las 2 de la madrugada no se piensa muy bien, y menos cuando tienes que levantarte por la mañana para trabajar. Seguiré con mis teorías, como ya avancé en otro artículo.

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