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27 de diciembre (5 años después)

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Hace ya 5 años de esta entrada.

Cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando la escribí y ya han pasado 5 años.

Muchas veces me he planteado, ¿qué me diría si pudiera ir al pasado y hablar conmigo mismo? Y siempre llego a la misma conclusión: realmente nada, porque soy lo que soy porque hice lo que hice. Si no fuera así, todo sería diferente. Efecto Mariposa, lo llaman.

Pero dejando a un lado las cuestiones metafísicas, y actuando de corazón, creo que me preguntaría qué pienso del futuro. Hacerme preguntas que antes no me hacía, por miedo a la respuesta.

Aquella entrada del 27 de diciembre del 2007 hacía un repaso de la infancia de aquél niño nacido en el 81.

Hoy quiero repasar estos cinco años.

Aquella persona de la que hablo en la entrada, ya no es tan cercana, pero todo acabó bien, algo que gráficamente se vería como un apretón de manos y un «gracias por todo».

He conocido a grandes personas en estos 5 años, personas que me han dado mucho y me han enseñado.

Entre ellas destaco a Antonio, un gran jefe y mejor persona. Las circunstancias son las que son, y no las voy a decir, pero me enseñó que hay gente que hace lo que haga falta por hacer las cosas como su corazón le dicta, a pesar de todo. Ese hombre me marcó mucho, y le debo tanto, que creo que nunca podré agradecérslo lo suficiente.

A todos los integrantes de Acelerados Networks, una empresa en la que aprendí mucho y me dio grandes momentos.

Cristobal, qué decir de él. Todo lo que pueda decir es poco. Me ha dado y me sigue dando muchas lecciones de vida y profesionalmente he evolucionado mucho gracias a él.

Y mi niña. Mi gran amor, el que siempre he estado buscando. Alguien que esperaba con ansia, y ya lo he encontrado. O ha venido a mí. El caso es que a día de hoy, la vida es diez mil veces mejor gracias a ella.

Veréis, si por algo me gustaría hablar con aquél Óscar de 26 años (o de cualquier edad), es para preguntarle por las parejas, su futuro amoroso, etc. Sé lo que pensaba, pero hay preguntas que sólo podría contestarla allí, in-situ.

Dependiendo del momento, contestaba una cosa u otra. Nunca nada radical, pero siempre con un toque melancólico, como esperando, como recordando el futuro, algo que podrá ser y quizá tarde en llegar.

Preguntas a veces sin respuesta y otras con respuesta a medias. Si hablara con él, seguro que me diría que no pierde la esperanza, pero no sabe cuándo llegará. Lo ve lejos, pero no imposible.

La conversación entre yo y mi yo del pasado sería más o menos así:

-Oye, ¿cómo te ves en el futuro desde el punto de vista amoroso?
-No sé, la verdad. Todo lo veo turbio. Mi futuro amoroso es algo que jamás he visto claro.
-¿Cómo te gustaría estar?

Se quedó pensativo un rato y luego dijo:

-Una chica, viviendo juntos, compartiendo momentos, de la que me sintiera orgulloso, sin complicaciones… como papá y mamá. Tú sabes, fluído, sin pegas, peleas ni riñas.

Se quedó callado un momento, sonrió con aire romántico y luego añadió:

-Me veo paseando por la playa, viendo el atardecer, cogido de ella de la mano. Hablando de todo.

Eso me recordó mi primer día con mi novia. En la Cruz del Mar de Chipiona, viendo ponerse el sol, charlando. Pero no dije nada. No era bueno darle pistas, o podría estropearse todo. En lugar de eso, le hice una pregunta dura, pero que siempre había estado en mi mente.

-¿Confías en ti para una relación?
-No. Sinceramente, desconfío mucho de mí, me da miedo no estar a la altura. Creo que papá y mamá han puesto el listón muy alto, y ellos empezaron antes. Lo veo tan idílico, que pienso que todo lo que venga será peor, y me da miedo no saber cómo reaccionar.
-Todo es cuestión de proponérselo, y es cosa de dos, ya sabes. Si con alguien no estás bien y no es lo que crees, lo podéis dejar.
-Ya, eso es muy fácil de decir, ¿pero quién se separa de alguien después de buscar tanto? Dudo mucho que tuviera furerzas para encontrar a alguien luego si me pasara algo así.

Se me vinieron a la cabeza muchas chicas que conocí y que tuve que dejar por no ser lo que buscaba. Es increíble la fuerzas que saca uno en momentos difíciles. El amor todo lo puede. Le dije algo que le irritaría, pero tenía que decirlo:

-Tendrás que hacerlo. Créeme, tendrás ocasiones en las que no te compensará para nada.
-¿Y me quedarán fuerzas? ¿En serio? ¿De dónde sacaré las fuerzas?
-Del día a día, amigo. No habrá nada más potente que la perseverancia, y te darás cuenta tarde o temprano. ¿Recuerdas esos golpes de la vida que todo el mundo habla y que te hacen despertar y aprender? Pues esos te harán ser paciente, y seguir buscando.
-¿Lo conseguiré?

Me quedé pensativo un momento, sopesando la respuesta. No era fácil responder sin alterar el futuro. Me encogí de hombros dándole a entender que tendría que descubrirlo por sí mismo. Y añadí:

-Mírame a la cara y dime qué ves. Sé que puedes.

Me miró fíjamente. Su mirada irradiaba tristeza, como si le faltara la mitad de su vida, como si estuviera a medias. Esa mirada era de un hombre menguado por sus circunstancias. Se veía inseguro. Sus ojos vagaban cuando se distraía. A veces miraba a un lado, recordando; otras veces miraba al otro, inventando su futuro, navegando por situaciones y mundos que nunca existieron. Me dio pena de aquel muchacho, porque no vivía el presente, siempre se refugiaba en el pasado, otras en el futuro.

-Te veo muy maduro -dijo por fin, con un toque de envidia-. Madre mía, lo que daría por tener tu sabiduría y seguridad ahora mismo. Te ves feliz, es como si alguien con una varita mágina te hubiera tocado y hubiera dado la vuelta al calcetín. No veo duda en tus ojos. No veo la razón o motivo por el cuál puedo llegar a evolucionar tanto en tan poco tiempo.
-Quizá sí lo sepas -añadí recordando mi gran cambio en la vida-. Piensa en tu cambio de personalidad en 4º de ESO. ¿Recuerdas? Pues algo así te ha pasado.

Le cambió la cara, agachó la cabeza y dijo sin mirarme:

-¿Habrá otra como esa? ¿Tan mal estoy y no me doy cuenta?
-No es que estés mal, Óscar, es que siempre hay algo que aprender. Yo sé que ya has apreciado lo que te ha pasado por tu vida, pero también sé que envidias otras cosas y te lamentas en cierto modo de no tenerlas por haber sido lo que eres. Pero gracias a eso, serás como me ves. Y créeme, yo sé que a mí me queda muchísimo por aprender y muchos cambios como este que ves entre tú y yo.

Me miró y sólo dijo:

-Imagino.

Agachó la cabeza otra vez y me dijo con tono de súplica:

-Dime al menos si voy a encontrar a alguien.
-Mírame otra vez, Óscar. ¿Me ves feliz?

Afirmó con la cabeza mientras me miraba evitando mirarme a los ojos.

-¿Entonces qué importa si he encontrado a alguien o no? Estoy feliz, quédate con eso.

Me miró a los ojos y con sonrisa irónica (casi sarcástica), me dijo:

-Venga ya, Óscar. Eso no te lo crees ni tú. Sabes que lo que más quiero en este mundo ahora mismo es una pareja estable. Si no tuvieras a alguien no ibas a estar tan feliz. Dudo mucho que haya habido algo tan grande que te haya hecho cambiar de opinión tanto.

Esta vez fui yo el que agachó la cabeza. Tenía razón. Si no tuviera a mi novia, no estaría tan feliz. Yo mismo me veo en las fotos y la diferencia es avismal.

Me despedí de él deseándole mucha suerte y sólo dándole un consejo: que siguiera lo que le dictara su corazón.

Fue una conversación muy interesante. Me hubiera gustado decirle lo de mi novia, cómo la conocí, qué hemos hecho desde entonces, los recuerdos que tengo de estos dos años… Aunque esto lo reservo para la siguiente entrada. Hoy quisiera acabar diciendo que sin mis amigos y familiares cercanos jamás hubiera llegado donde estoy.

Mención especial para mis amigos Javi, Itziar, Nacho, Ana, Paco y Jose Mari. Sin ellos y los buenos momentos que hemos pasado juntos, hubiera sido imposible llegar adonde estoy.

Y evidentemente para mi niña. Sin ella no estaría donde estoy y no sería tan feliz. Te reservo la siguiente entrada para ti sola.

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Consejos para conductores

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En este mundo donde cada uno va a su bola, nadie escucha, nadie mira, nadie aprende, nadie pide perdón, nadie da las gracias… a veces conducir relaja a muchos y estresa a otros. El resultado son unas calles y carreteras cargadas de costumbres, malas costumbres y conductas temerarias, que hacen que conducir, lejos de ser relajante y un placer, se convierta en un suplicio.

No llevo mucho de carné para lo que llevan nuestros padres e incluso abuelos, pero en lo poco que llevo he visto mucho y me ha dado tiempo a aprender. Me ha dado tiempo a hacer tonterías y aprender de ellas. La suerte de que ninguna de esas malas costumbres y reacciones imprudentes me haya causado daño, ha hecho de mí una persona bastante más prudente.

He aquí unos consejos que he ido recopìlando en mis años de conducción (y en el último año y pico, de mis más de 30 70 mil kilómetros recorridos).

Carril izquierdo para adelantar

Si hay algo que moleste a los conductores legales, es encontrar el carril izquierdo lleno de gente adelantando al aire que circula por la derecha.

Recordemos que este carril izquierdo fuera de ciudad es para adelantar, única y exclusivamente, excepto que el derecho sea un carril para tráfico lento o un carril especial, etc.

En mis años yendo y viniendo de Algeciras, he descubierto que volviendo al carril derecho, se gana tiempo. Recordad que si el carril izquierdo está con tráfico intenso y tú vas por el derecho, en teoría no deberían decirte nada por revasar a los que circulan por él. Te lo permite las normas de tráfico y además, intentar evitarlo, supondría entorpecer también el carril derecho. Así que si eres de los que te gusta entorpecer el carril izquierdo, ya sabes si te adelanta alguien por el derecho, siéntete ridículo y estúpido y haz lo mismo. Pero, OJO, sólo se puede aplicar si (y sólo si) el carril izquierdo va más despacio que el derecho. Si tú con tu vehículo, a la misma velocidad y sin aumentarla, adelantas a los que circulan por el carril izquierdo. Aumentar la velocidad para adelantar por el carril derecho se considera adelantamiento y no está permitido.

También he visto que a veces la tortuga que te entorpece delante puede ser problema de otro. Si te molesta alguien que tienes delante tuya en el carril izquierdo y no se pasa a su derecha, déjale que se pelee con él el de atrás. Mi lema es «encárgate tú».

Otro consejo es: «la paciencia merece la pena». Si un día te encuentras con el carril derecho semiocupado (lo habitual) y el izquierdo «petado», pásate al derecho y deja que pase la marabunta. Muchas veces, la aglomeración en un carril va por tramos, y si dejas que pasen todos, te dejan el carril para ti y adelantar sin presiones.

También he descubierto que en esta circunstancia, por el afán de adelantar y quitarse de en medio a los demás, casi siempre la velocidad aumenta por encima del límite permitido. Si me haces caso, llegarás al mismo tiempo o incluso antes, y además mucho menos estresado.

Los límites casi siempre están por algo

Vale, empiezo aclarando esto. Es cierto que hay muchas veces que es absurdo que se pase de 120 a 80 y luego a 120 sin motivo aparente (ejemplo, carretera A381, altura de Los Barrios, sentido Jerez), pero la mayoría de las demás circunstancias están para algo.

He visto porrazos en zonas tontas. He visto vuelcos en rectas larguísimas (misma carretera, A381, recta antes de la cementera, cerca de Jerez, unos 2 km de longitud).

120 km/h en algunos tramos es dormirse, pero en otros es matarse. Si encontráis una vía donde la velocidad es 80 km/h, hacedle caso, y por lo menos no vayáis a 100 km/h.

Si os fijáis bien, casi siempre hay algo por lo que justificar ese límite. A veces son curvas, otras veces casas cercanas, otras son la falta de arcén, otras son el estado de la carretera… No subestiméis un límite de velocidad o una prohibición.

Te han adelantado, pero no es nada personal

A veces, un adelantamiento se convierte en una lucha, una deshonra («Dios mío, me han adelantado»). Es como las peleas del oeste, o cuando en una película un tío rozaba a otro, y se enzarzaban en una pelea.

Esto no es una película, aquí se adelanta porque quieres ir más rápido, pero nadie te tiene manía, ganas, hincha o como quieras llamarlo.

Pensadlo, cuando adelantáis a un coche que va más lento que vosotros, ¿pensáis «mira el majarón este. Lo voy a adelantar, se va a enterar. Qué se habrá creído el mierda este con un coche como ese… tengo que ir delante de él, nadie se pone por encima mía»? ¿A que no? ¿A que cuando adelantáis simplemente estáis pensando «voy más rápido, voy a delantarlo»? Pues todo el mundo es igual.

Nadie va en contra tuya, a nadie le interesa quién seas, dónde vayas o por qué vas a esa velocidad. Ellos simplemente piensan que tienen que llegar a ese lugar y que si hay algún coche más lento, lo adelantan. A los 10 segundos de adelantaros, ya no se acuerdan de ti.

Relájate

Si de algo estoy contento es de haber encontrado en el coche una forma de relajarme. Aprovecha los momentos de evasión que te da conducir. Vete por carreteras no transitadas, caminos tranquilos y disfruta de la conducción. Cuanto más acostumbres al cuerpo a sentirse tranquilo al volante, menos te costará afrontar los retos de una carretera repleta, un atasco o el «no llego» que nos viene a muchos.

Si aprendes a hacer de la conducción una forma de relajarte, tu modo de conducir poco a poco se hará más tranquilo, pausado y sin estrés.

Sal antes

Otro de los problemas de la gente es que calculan mal los trayectos, los imprevistos, los atascos, etc.

Sal 30 o 45 minutos antes de lo que creas conveniente. Siempre surge algo, siempre hay más tráfico de lo normal. Siempre te entretienes a última hora con aquello que se te ha olvidado coger.

Si te propones salir 30 minutos antes, ganas tiempo a la carretera, irás más tranquilo, porque sabes que vas a llegar, y te ahorrarás disgustos.

Refúgiate en el carril derecho

Si te encuentras con una carretera con muchos coches… hazme caso, vete al carril derecho, «acurrúcate» entre dos coches en ese carril, relaja el pie, olvida tu destino y escucha la radio o disfruta del paisaje.

A veces, el propio tráfico te hace estar más nervioso. Intentar hacer lo contrario es un ejercicio que te ayudará a no pasarlo tan mal en carreteras concurridas.

 

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La verdadera iglesia

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Creemos una iglesia. Una iglesia verdadera. Una iglesia de la que no nos avergoncemos. Hagámoslo desde la objetividad.

Y digo iglesia con minúscula, porque con mayúscula es la del Papa, la que roba, la que viola a los niños y la que sigue tragando del frasco de los gobiernos, la que engaña a sus feligreses para conseguir que el Papa coma todos los días posiblemente con una cuchara de oro y se bañe en leche de burra, por ser bien pensados.

Una verdadera iglesia debe empezar desde abajo, y no desde arriba. El Papa de la Iglesia Católica tiene poder para decidir hasta si el limbo existe. Da igual lo que se diga en las escrituras, da igual lo que dijera Jesús. No importa, lo que importa es tener a la gente más controlada que nunca.

Escuchar y no imponer

Para empezar desde abajo, una iglesia no debe decir lo que hay que creer, sino escuchar lo que cree la gente. Para que una religión sea auténtica y sea un refugio para los creyentes, debe empezar por escuchar a la gente, escuchar a los mayores y a los jóvenes, qué dicen, qué quieren y qué creen.

No podemos descuidar el aspecto conciliador de una religión. Se trata de unir a los creyentes del mismo signo, ayudarlos a encontrarse y tener un sitio dónde poder rezar, encontrarse y hablar de su fe.

Sin líderes

Esta religión no tendrá líderes, ninguno. No habrá ni Papas, ni obispos, ni cardenales… ni siquiera curas. La verdera religión debe ser una comunidad de iguales. Todos son iguales, todos tienen el mismo voto y todos pueden opinar y sacar conclusiones.

De nada vale tener a 15 ó 20 personas para mandar en una religión, cuando millones de personas en todo el mundo tienen una opinión contraria a muchas de las directrices de esa cúpula.

La imposición no es una religión, es una dictadura.

Interpretación consensuada

La Biblia la escribieron muchos… ¿por qué la tiene que interpretar uno sólo?

La fe de la Iglesia Católica se basa en que el cura de barrio enseña las escrituras a los feligreses. Aquél es enseñado por los maestros cuando se hizo cura. A estos maestros los enseñaron desde más altas instancias, que a su vez se basan en la interpretación de un consejo de «notables», que interpretan la Biblia a su voluntad.

Mil millones de creyentes se basan en la interpretación de unos cuantos. Y que sea así.

Mi iglesia perfecta se basa en la interpretación de todos. Uno lee la Biblia, se da cuenta de un detalle que nadie ha caído, y lo hace saber a todos sus hermanos. Se hace una votación entre todos los que creen que esto es cierto. Gente que se haya leído la Biblia, gente que quiere opinar… todos decidirán si esto que dice esta persona puede ser cierto o no.

Tras esta votación, el nuevo hallazgo se enseñará al resto de feligreses.

Dinero controlado

Ladrones siempre habrá, eso está claro, pero cuanta más transparencia en las cuentas, mejor.

El dinero que se reciba de donaciones, ofrendas y demás, se destinará a partes iguales entre gastos de la iglesia y ayuda a los necesitados. Si profesas esta fe, es que estás de acuerdo con lo que Jesús dijo en su día, por lo tanto, la mitad de lo que des a la iglesia, irá a los necesitados.

Las cuentas de cada congregación las llevará un contable, alguien que crea o no en la religión pero que haya estudiado la profesión a la que se va a dedicar. Para evitar robos y demás, esta persona tendrá un sueldo. Será la única persona en toda la iglesia que cobrará, y será bajo la circunstancia de que será el que lleve las cuentas, y el que lleve las cuentas no puede trabajar gratis porque la tentación es muy grande.

La elección será llevada a cabo por un profesional externo a la congregación y ante la más mínima duda de fraude del gestor contable, se elegirá a mano alzada si se expulsa o no.

Las cuentas, así mismo, serán públicas. Todo lo que salga y entre en la iglesia será de dominio público, con todo lujo de detalles, excepto en las donaciones anónimas, que el nombre del donante será privado, pero la cantidad seguirá siendo pública.

Cualquiera podrá pedir una copia de las cuentas de una congregación de cualquier país y será entregada siempre, sea o no creyente, y sea o no de su congregación.

Exceso fuera

Al final de año, se hará la liquidación anual, quedando en la caja de la congregación un fondo establecido entre todas las congregaciones del país, y el resto que sobre, se repartirá entre los más necesitados de la congregación bajo el voto de todos.

Si sobrara algo de esta operación, se dará a los necesitados de otros lugares.

 

Esta sería la religión de la que un ateo como yo me sentiría orgulloso. Una religión en la que todos fueran iguales, todos pudieran opinar y el dinero fuera destinado a los que lo necesitan. Todo controlado.

Igual que a mí me gusta reunirme con mis compañeros de profesión o con los que comparto ciertas aficiones, los creyentes también deberían de poder reunirse con sus semejantes bajo el respeto de su fe, sin imposiciones.

Y ahora, si alguien quiere copiar mi idea, aquí la tiene.

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Soledad

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Cuenta la historia fantasmal
de un chico en su alcoba
con la única compañía
de un monstruo digital
que junto a él mora.

Con su triste alegría,
letras centelleantes
narran lejanas vivencias,
imágenes que muestran
la soledad de otras almas
que sin miedo se exponen
para paliar sus tragedias.

Una casa abarrotada
cuya silenciosa cháchara
habita en cada rincón,
y donde la vida fluye
bajo la brillante luz apagada
de una solitaria habitación.

Cenas multitudinarias
cuyas vacuas sillas
y el insípido manjar
aumentan el idilio
de una triste alma
y su solitario pesar.

Horas que parecen días,
días que fluyen lentos
y una nueva ilusión
con aquella esperanza
de alegrar el camino
del desértico corazón.

Mas otra vez el silencio
de una semana cuyos meses
amenazan con romper
la quietud de las olas
que animaron la vida
de aquel solitario correr.

Palabras que el viento arrastra
con un silencio abrasador
y pensamientos fluyendo
en una errática mente cansada
de las vueltas que dio
tras cientos de años
en la misma situación.

Humano de esperanza,
humano de sentimientos futuros,
vivencias no llegadas
y el recuerdo de las que fueron,
que avivan el fuego del corazón
herido por las palabras
que no se dijeron.

Vagando por parajes de asfalto,
el futuro de una rica vida
no apacigua el incesante dolor
de la soledad que se avecina.

Con latido que se apaga
y alma que no ríe,
un lúgubre fantasma vaga
entre lejanas risas compañeras
mitigando el punzante dolor
de los largos días sin fronteras.

De entre la multitud
de una sociedad solitaria
suscribe estos pobres versos
una tristeza que esconde
una realidad no contada
y esperando queda
que la afinidad encontrada
no sea de fantasía,
pues de ese monstruo digital
florezca una hermosa rosa
de un amor y su alegría.

angro
Soledad
6 marzo 2010
CC-BY-NC-SA

Siento que no tenga una estructura concreta ni buenas rimas, pero nunca he escrito poesía y lo he hecho en un rato tal como lo iba sintiendo.

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La paradoja de buscar pareja

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Hay veces en las que tu mente de dice que te falta algo, que tu vida está vacía, algo que no te puede llenar ningún artefacto material. Te falta una pareja, alguien con quien compartir tu tiempo, tus experiencias y tus aficiones; alguien a quien querer, amar y de quien ser amado, ser querido; alguien con quien pasar lo mejor de tu vida, convertirla en el centro de tu existencia…

No sabemos por qué ocurre, ni por qué es tan fuerte esa sensación, pero tarde o temprano nos pasa. Si tienes suerte de que encuentras a tu pareja antes de que te ocurra, felicidades, eres uno de los pocos privilegiados que no le pasa.

Para muchos les resulta fácil encontrar «pareja», ya que se arrima a la persona que menos asco le dé e intenta seducirlo/a. Es una costumbre muy extendida. Hoy estás con una persona, mañana estás con otra. Lo más curioso es que, en la mayoría de los casos, estas parejas terminan despreciándose el uno al otro. Y es ahí donde te das cuenta quiénes han estado por estar y quiénes han compartido una experiencia bonita.

Pero es muy curioso ver otra cosa. El tiempo medio sin pareja de este tipo de personas no llega al año, y en muchos casos ni siquiera pasan unos pocos meses.  Llegan a tener varias parejas (muchas, en algunos casos) antes de encontrar a la definitiva.

No digo que ser así sea mala costumbre. Es una forma de ver la vida como otra cualquiera. El que lo haga es porque es feliz.

Otra cosa sería hacerlo por no estar solo, pero sufrir lo indecible con cada nueva pareja. Esa sí me parece una costumbre absurda, porque no se está disfrutando.

Pero ahora viene la paradoja. Mientras seas una persona que busca pareja y la encuentra fácilmente (aunque te dure poco), pues vas pasando bien el día.

Pero imagina ahora que eres una persona que no puede tener pareja tan fácilmente, y que, por tu forma de ver una relación, tu vida sea una contínua soledad amorosa. Quizá sea por tu forma de socializarte, o porque no te gusta ir saltando de flor en flor, o porque eso de «ir de caza» no es lo tuyo, y te gustan las relaciones más naturales… Quién sabe. Lo único que sabes es que tienes XX años y no tienes pareja.

Sabes que, a menos que estés en la tercera edad, no debes desesperar. Sabes que el amor puede llegar en cualquier momento, de quien menos te imaginas, y será para siempre, o quizá te haga vivir muchos años agradables. Sabes que esa desesperación que tienes es irracional, no es lógica.

Pero hay veces en los que esta forma de pensar no se ve tan clara. Aunque seas una persona positiva, sin miedo a los problemas y con recursos, te encuentras entre la espada y la pared.

Por una parte, no te gusta salir de marcha, no te diviertes, no te lo pasas bien porque el barullo, la algarabía y la muchedumbre no terminan de gustarte. Eres tranquilo, te gusta ir a heladerías, cafeterías, restaurantes, a la bolera de la esquina o al cine. Te diviertes más en una barbacoa con amigos que en una discoteca repleta de gente sin poder hablar ni hacer nada.

Bien, pero ya sabes el dicho: «el que algo quiere, algo le cuesta», así que no descartas salir de marcha. Pero te encuentras con otro escollo, porque has elegido bien a tus amigos, en tu afán por tener amigos afines a ti. Y eso supone un problema en esta situación: a ellos tampoco les gusta salir. Luego te planteas que si ellos tampoco les gusta salir, tendrán sus métodos para conocer gente. Pero te das cuenta de otro problema: todos tienen pareja. Sí, todos tus amigos tienen pareja, y ninguno se salva.

Y tu mente empieza a agobiarse, porque ve que se le acaban las ideas. ¿Qué vas a hacer? No puedes plantarte en una cafetería y entrarle a la primera chica que pase por tu lado. Sabes que algunos lo hacen, pero tú no eres así, no te sale, y no serás natural. ¿Qué más puedes hacer?

Sí, eso es. El silencio por respuesta. Te planteas que quizá tengas pocas ideas por verlo desde dentro, y que la situación te ciegue. Así que vas a tu colega, con el que mejor te llevas. Y le preguntas. Y tus esperanzas se ven rotas cuando él empieza a elucubrar y a buscar soluciones… y todas llevan a un punto muerto sin que tú abras la boca. Te das cuenta que la situación no es así porque lo veas desde dentro, sino porque en realidad es así. Tu colega se da cuenta que no estás así por gusto, y que recurrir a él es algo más que el fruto de la desesperación momentánea.

Pero no te ofrece soluciones. La única que te ofrece es la que tú te habías planteado, y la cual supone el desembolso de 30 € al mes o 60 si pillas la super-hiper-mega-oferta de 6 meses. Sí, esa web que todos estamos pensando, el recurso de los desesperados y la que nadie se plantearía nunca visitar porque nadie lo ve natural.

Y ahora yo lanzo la pregunta. Si tu mente y tu corazón no paran de decirte que te falta algo y que lo necesitas ya, ¿qué haces estando en esta situación? ¿Luchas contra ti mismo y te convences de que puedes pasar sin ello? ¿Pagas los 60 € y «que sea lo que Dios quiera»? ¿Encuentras otra solución no contemplada en esta entrada?

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El déjà-vu de Matrix

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Seguro que más de uno habrá visto Matrix. El déjà-vu de Matrix era aparentemente inocente y algo bastante supérfluo, pero cuando Morfeo se dio cuenta, la cosa cobró tintes preocupantes.

La vida está llena de déjà-vu, que aparentemente nadie se da cuenta, pero que para el ojo experto puede significar un cambio importante.

Acabo de tener un déjà-vu en mi vida, y ha hecho replantearme algo que consideraba muy importante. Ha sido un simple fogonazo, algo insignificante, algo que nadie ha notado, pero ha hecho saltar la liebre que llevo dentro y he tomado una decisión que jamás creí que tomaría.

Será poco a poco, pero la decisión está tomada. Han cambiado algo en Matrix y no pienso dejar que me afecte.

Mi consejo es que estéis atentos a los déjà-vu. Son esquivos, pero al final terminas por verlos. Pero sobre todo intentad identificarlos bien, porque hay algunos que se disfrazan de déjà-vu, y puedes tomar una decisión equivocada.

¿Un déjà-vu? Bah, no tiene importancia… ¿O quizá sí?

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¿Qué es una pareja?

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Llevo unos meses preguntándome eso y tengo mis motivos para hacerlo, pero no vienen al caso.

Empecemos por el principio. ¿Cómo define la Real Academia una pareja en el sentido afectivo?

Conjunto de dos personas, animales o cosas que tienen entre sí alguna correlación o semejanza, y especialmente el formado por hombre y mujer.

Si le quitamos la morralla, nos queda que una pareja es un conjunto de dos personas que tienen alguna correlación o semejanza entre sí.

Muy ambiguo, ¿no? Busquemos otra palabra más concreta: novio/a.

Vamos a quedarnos con la segunda y tercera acepción.

2.  m. y f. Persona que mantiene relaciones amorosas con fines matrimoniales.

3.  m. y f. Persona que mantiene una relación amorosa con otra sin intención de casarse y sin convivir con ella.

Llegamos a la conclusión que sea como fuere, un novio o una novia es una persona que mantiene relaciones amorosas con otra, tenga las intenciones que tenga y tanto si vive como si no vive con ella.

Y una relación amorosa es una unión de 2 personas que sienten amor.

Y llegamos a la palabra crítica: amor. ¿Cómo se define el amor?

1.  m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.

2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.

4. m. Tendencia a la unión sexual.

Interesante.  Ahora resulta que amor es casi cualquier cosa. ¿Que no? Fijaos en la primera acepción. Viene a decir que amor es el sentimiento intenso que siente una persona cuando le falta algo que encuentra en otra persona.

Ahora veamos la segunda. En esta viene a decir el amor es el sentimiento hacia una persona que nos atrae, nos alegra, etc.

La tercera viene a decir lo mismo que la segunda, pero más genérica.

Y por último, tenemos que también es la tendencia  a la unión sexual.

¿Qué conclusión sacamos? Que nuestra pareja o novio es aquella persona que dice exactamente lo mismo de nosotros. Y si no, pensadlo bien. ¿Qué condición tiene que reunir dos personas para que sean pareja?

  1. Que se necesiten.
  2. Que se quieran, estén a gusto los dos y que les encante estar juntos y se lo pasen bien.
  3. Que se gusten.
  4. Que mantengan relaciones sexuales.

¿Qué me impide a mí decir que tal persona es mi pareja si somos amigos, compartimos gustos y estamos bien juntos? Sólo una cosa: que ella consienta que yo lo diga. Si ella acepta que yo diga que soy su pareja, somos pareja. No hay nada más en el trasfondo de todo esto, porque una pareja son dos personas que comparten algo: unos gustos, un sentimiento, una relación sexual, etc.

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando ambos se gustan, se quieren, lo saben, pero no lo admiten? En ese caso, ¿son pareja por el hecho de compartir cosas juntos y estar a gusto el uno con el otro o no lo son porque no lo han admitido? ¿Pueden dos personas no ser pareja por el mero hecho de que ambos no sepan que lo son? ¿La pareja empieza cuando ambos dicen «estamos saliendo» o «somos pareja», o empezó antes y ése es simplemente el punto donde lo admiten?

Lo que yo creo es que ser pareja, ser novios o estar saliendo es un formalismo, como firmar el contrato. Dos personas pueden estar bien juntos, divertirse, salir a cenar, echarse de menos cuando no se ven e incluso mantener una relación sexual, pero si ambos no admiten que son pareja, no lo son. Sin embargo, eso no significa que no mantengan una relación. Claro está que sería una relación sin nombre, porque no se han puesto de acuerdo, pero tenerla la tienen.

Y ahora preguntaréis: si en realidad la relación es la misma de una forma u otra, ¿de qué sirve admitir que sois pareja? ¿Ayuda en algo? Sí, sólo en una cosa: la fidelidad. Si ambos admitís que sois pareja, estás obligado a serle fiel a tu pareja (aunque no significa que algunos no se lo salte). En cambio, si esa relación no se ha llegado a definir, en teoría nada te debería impedir serle «infiel». ¿Cuál es la realidad? Que en la práctica da igual que lo admitáis o no, porque si os queréis de verdad, os será moralmente imposible serle infiel aunque no estéis saliendo formalmente como pareja.

Conclusión: ser pareja es más un formalismo. Decirlo simplemente la asienta aún más y ayuda a que ambos estéis más seguros y tengáis menos dudas.

Obviamente, todo esto es sólo mi opinión.

Y llegados a este punto, yo me pregunto: ¿qué motivos pueden tener dos personas para no admitir que son pareja?

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27 de diciembre

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Tal día como hoy, de 1981, una mujer entraba en el hospital de una pequeña ciudad de Cádiz embarazada de 9 meses y con ganas de tener a ese primer bebé. Con mucho pelo y todos tiesos, fue extraído con unos forceps que le marcarían la vista para el resto de su vida.

Muy nervioso pero muy intravertido, empezó a ir a una guardería (y más tarde, un colegio) bastante lejos de donde él vivía. Su abuelo materno murió a los 3 meses de él nacer y la familia tuvo que mudarse a casa de la abuela para no dejarla sola. Debido a eso, y a que sus «amigos» estaban todos en aquél otro barrio, su padre tuvo que llevarlo todos los días al colegio durante unos 12 años.

Como a muchos niños, no le gustaba ir. Más tarde descubriría que el motivo no era otro que su nula capacidad (y voluntad) de relacionarse con los demás niños. Se sentía tan incómodo con los demás, que no le gustaba ir. Sin embargo, aprendió a no hacer caso de eso y a disfrutar lo posible.

Su inocencia le convirtió en alguien con un complejo de inferioridad tal que el hecho de hablar con algún niño le suponía una gran impresión; hasta el punto de preguntarse si realmente ese niño estaba interesado en lo que él decía.

A los 4 años nació su hermana: una niña muy graciosa y despierta. Tardaron casi 20 años en aprender el significado de la palabra «hermanos». Y, al menos él, se alegra de haberlo aprendido.

Pasaron los años y, sin esfuerzo ni darse cuenta, fue aprobando los cursos hasta llegar a secundaria. Por el camino, los amigos fueron llegando y yéndose de su vida. Todos excepto uno. Aquél que menciona «El Arrebato» en su canción que nunca se olvida y que vive siempre en tu mente.

A los 14 años, sus padres le compraron su primer ordenador. No era algo sencillo pero eso le daba igual, ya que pronto empezó a trastear ese sistema llamado DOS… y le encantaba.

En el instituto, en secundaria, y tras ver el nuevo mundo que se le abría ante él, fue despertando de su largo letargo. Un letargo que duró más de 14 años y que por fin llegaba a su término. El curso de 4º de ESO sería el principio del fin. El principio en el cual empezaría a darse cuenta de lo que era, quién era y lo que valía.

Se percató que era una persona, como las demás, que valía tanto o más que muchos que estaban a su alrededor en el instituto y pudo ver que la vida no era tan complicada como parecía ser si se pensaba un poco.

Gracias a que su intraversión desapareció, la timidez que quedó le concedió mucho tiempo para pensar en la vida, en los detalles de ésta y en cómo vivirla. Poco a poco, fue descubriendo que los problemas se solucionaban afrontándolos con mucha astucia y perseverancia.

A los 17 años empezó uno de los bachilleratos más difíciles (si no el más difícil) y, 4 años más tarde, se dio cuenta que con esfuerzo se podía conseguir todo.

El ciclo superior de Administración de Sistemas Informáticos no fue gran cosa, pero le sirvió para darse cuenta de dos detalles. Uno, que cualquiera puede dar clases; y dos, que siempre se aprende algo, por muy sobrado que vayas. En su caso, aprendió algo de redes y descubrió el lenguaje C, que le daría la base para muchísimos lenguajes posteriores.

Paralelamente, su afición a la programación le hizo descubrir PHP, un lenguaje que usaría más tarde para muchas cosas y el cual le abriría muchas puertas.

Y entonces, a los 21 años conoció a la persona que sería, probablemente, la más importante que había pasado por su vida hasta ese momento. Compartieron, durante unos meses, un fin en común que acabaron por romper de mutuo acuerdo para seguir siendo simplemente más que amigos. Durante años, ambos afrontaron retos de todo tipo, pero cada uno de ellos se fue superando. A día de hoy, siguen luchando contra lo que les echen, y, por ahora, no se separan.

Esta relación le ha dado, y le sigue dando mucho, le sigue enseñando cosas de la vida y continúa aprendiendo día a día.

26 años después de nacer, su filosofía es el Carpe Diem y su refrán es «No hay mal que por bien no venga». No lucha contra el mundo: simplemente se deja llevar y disfruta de él mientras pueda. No le preocupa nada más que lo que vaya a cenar esa noche o dónde deba ir al día siguiente. Es claro y directo cuando debe decir algo, aunque no por ello deja de ser diplomático. Odia la moda y casi cualquier cosa que le quieran imponer a la fuerza.

Y, a día de hoy, a pesar de que sabemos su opinión de la actualidad, nunca llegaremos a saber lo que realmente pasa por su cabeza.

Bueno, yo sí lo sé.

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Los colores y la vida

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¿Os habéis preguntado la cantidad de colores que hay en la vida diaria?

Analízalo, porque te quedaste amarillo después de ponerte morado comiendo gambas. Quizá alguien te estuviera poniendo verde. Te quedas blanco ante la idea y no puedes evitar estar negro de furia. Sin embargo, luego piensas: «¿Qué más da? Quizá el que esté verde de envidia sea él». Aun así, hay gente que te defiende y tú te pones colorado de pensarlo.

Tú sabes que tanto si eres de sangre azul como si eres de raza blanca, negra o amarilla, eres una persona agradable. Es más, odias el dinero negro. Para ti, la vida es de color de rosa y lo más probable es que tengas blanca el alma, yendo siempre de verde para no perder la esperanza.

La vida es un arco iris de ilusión y no se puede desperdiciar enegreciendo tu espíritu.

Aunque ya sabes lo que dicen: para gustos, colores.

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Sobre el Todo

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Navengado en busca de explicaciones sobre la teoría de las 10 dimensiones que propone la ciencia, me encontré con algo en mi propio idioma sobre la teoría de la relatividad.

¿Sabíais que la luz es lo único que viaja a velocidad constante sin variar? Y muchos diréis «no es tan raro». Ya, visto así, sí, pero si os lo explico de otra forma diréis «no puede ser».

Tenemos un coche viajando a 100 km/h y le adelanta otro a 150 km/h. Teóricamente, un peatón parado en la acera, verá uno a 100 y el otro a 150. Sin embargo, el coche que viaja a 100 km/h verá cómo el otro le adelanta a 50 km/h. Es lógico, ¿no? Es imposible que veamos al coche de nuestra izquierda adelantarnos a 150 porque entonces iría a 250 km/h (los 100 km/h nuestros más los 150 km/h a los que nos adelanta). Bueno, pues según el hombre de los pelos revueltos (Einstein), la luz sí lo hace.

Me explico. Si nosotros viajamos a la mitad de la velocidad de la luz, y nos adelanta un fotón viajando a la velocidad de la luz, tanto nosotros como el peatón parado en la acera veremos que el fotón viaja a la velocidad de la luz. ¿Cómo puede ser? A mí no me lo preguntéis, yo sólo soy informático. El caso es que lo miremos como lo miremos, según Einstein, la luz siempre, siempre, siempre viaja a la velocidad de la luz, se mire como se mire.

Es lo que yo llamo una velocidad en condiciones. Con esa velocidad no hay Schumacher que te gane.

Luego, pensando un poco en todo lo que hay y no hay en el Universo, he llegado a preguntarme «¿Qué coño había antes del BigBan?», en el supuesto caso que lo hubiera, claro. He llegado a la conclusión de que nuestra pequeña mente no da para tanto todavía.

El ser humano se puede reducir a una pregunta «¿Y más allá qué más?». Siempre estamos con aquello de saber qué puede haber más allá. Y acabo de descubrir que somos paradójicos. Resulta que no sómos capaces de entender el infinito al igual que no podemos concebir el finito. Me explico.

Si a vosotros os digo que el Universo es una bola inmensa que acaba en un borde donde ya no hay más nada, vosotros diréis: «Algo debe haber más allá, porque, sino, ¿dónde está ese Universo almacenado?». ¿A que lo pensáis? Pues bien, ahora vamos en el caso contrario. Si os digo que el Universo es un enorme vacío infinito que no acaba nunca, vosotros diréis: «¿Cómo va a ser eso? Tiene que tener un fin».

Una paradoja en toda regla. No concebimos ni el infinito ni el finito. No podemos pensar que algo se acaba, porque algo debe haber más allá. Sin embargo, no podemos pensar que algo no se acabe, porque un fin debe tener.

Somos un lío. Sin embargo, si empezamos a sobrecalentar nuestro cerebro pensando qué podría ser el Universo, podemos llegar a muchas conclusiones. Una es la de imaginar el Todo como algo no espacial. Quizá lo que contiene al Universo sea una singularidad cósmica. Paso a explicar esto.

Una singularidad es un punto en el espacio en la que toda la masa que llega se concentra (incluída la luz). Os sonará de los agujeros negros. Imagináos un punto en el espacio en el que toda la masa que llega se queda allí. Muchos pensaréis que eso no es posible, pero es que eso es lo que los científicos llaman singularidad, debido a que no se rige por ninguna ley que conozcamos.

Vamos con un ejemplo. Imagináos una caja de 1 metro de lado en el que empezamos a meter papel. Llega un momento que por el volumen de los papeles almacenados y por las dimensiones de la caja, no podremos meter más. Pero vamos a obviar eso. Suponed por un momento que podemos seguir metiendo papel en esa caja todo lo que queramos. Imaginad por un momento que esa caja de 1 metro de lado empieza cada vez a contener más y más materia.

Según las leyes de la física, cuando un objeto tiene masa, atrae a otros que están cerca (por eso la Tierra gira alrededor del Sol), y cuanta más sea la masa de este cuerpo, con más fuerza atraerá a los cuerpos que tiene a su alrededor.

Bien, volviendo a la caja, si seguimos añadiendo papel, su masa será mayor, porque cada vez tendrá más materia. Por lo tanto empezará a atraer a nuevos objetos poco a poco a su interior. Si nosotros seguimos metiendo papel a la fuerza, ella a su vez tendrá más fuerza para atraer objetos, hasta que llegue un punto en el que ella sola se alimente y se introduzca a si misma más papel. Bueno, pue llegará un momento en el que esa caja tendrá tanta masa concentrada en un punto tan pequeño que nada podrá escapar a su gravedad… ni siquiera la luz. Cualquier rayo de luz que pase cerca de la caja, será atraído por ésta hacia su interior. Se producirá, entonces, una singularirdad cósmica.

Extrapolando nuestro ejemplo al Universo, un agujero negro es un punto en el espacio de un tamaño pequeñísimo en el que hay tanta masa almacenada que nada puede escapar a ella. No puede escapar ni siquiera la luz; por eso se llama agujero negro.

Ya sé que así a simple vista parece algo inconcebible, pero es así. Es decir, es como si en una caja de zapatos pudiéramos meter todo el mobiliario de nuestra casa, el de nuestros vecinos y todavía siguiéramos metiendo más cosas.

Bueno, pues volviendo a mi teoría del Todo, yo creo que nuestro Universo no es más que un agujero negro de un Universo mayor, que a su vez es otro agujero negro de otro Universo mayor… y así hasta cerrar el ciclo en el que el Universo más grande sea, por ejemplo, un agujero negro de nuestro propio Universo. ¿Algo absurdo? Amigos míos, en estas alturas del pensamiento, todo lo que podamos decir será una locura.

Y creo que por hoy, basta, porque a las 2 de la madrugada no se piensa muy bien, y menos cuando tienes que levantarte por la mañana para trabajar. Seguiré con mis teorías, como ya avancé en otro artículo.

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