12.26.07

27 de diciembre

Posted in Filosofando at 6:40 pm por angro

Tal día como hoy, de 1981, una mujer entraba en el hospital de una pequeña ciudad de Cádiz embarazada de 9 meses y con ganas de tener a ese primer bebé. Con mucho pelo y todos tiesos, fue extraído con unos forceps que le marcarían la vista para el resto de su vida.

Muy nervioso pero muy intravertido, empezó a ir a una guardería (y más tarde, un colegio) bastante lejos de donde él vivía. Su abuelo materno murió a los 3 meses de él nacer y la familia tuvo que mudarse a casa de la abuela para no dejarla sola. Debido a eso, y a que sus “amigos” estaban todos en aquél otro barrio, su padre tuvo que llevarlo todos los días al colegio durante unos 12 años.

Como a muchos niños, no le gustaba ir. Más tarde descubriría que el motivo no era otro que su nula capacidad (y voluntad) de relacionarse con los demás niños. Se sentía tan incómodo con los demás, que no le gustaba ir. Sin embargo, aprendió a no hacer caso de eso y a disfrutar lo posible.

Su inocencia le convirtió en alguien con un complejo de inferioridad tal que el hecho de hablar con algún niño le suponía una gran impresión; hasta el punto de preguntarse si realmente ese niño estaba interesado en lo que él decía.

A los 4 años nació su hermana: una niña muy graciosa y despierta. Tardaron casi 20 años en aprender el significado de la palabra “hermanos”. Y, al menos él, se alegra de haberlo aprendido.

Pasaron los años y, sin esfuerzo ni darse cuenta, fue aprobando los cursos hasta llegar a secundaria. Por el camino, los amigos fueron llegando y yéndose de su vida. Todos excepto uno. Aquél que menciona “El Arrebato” en su canción que nunca se olvida y que vive siempre en tu mente.

A los 14 años, sus padres le compraron su primer ordenador. No era algo sencillo pero eso le daba igual, ya que pronto empezó a trastear ese sistema llamado DOS… y le encantaba.

En el instituto, en secundaria, y tras ver el nuevo mundo que se le abría ante él, fue despertando de su largo letargo. Un letargo que duró más de 14 años y que por fin llegaba a su término. El curso de 4º de ESO sería el principio del fin. El principio en el cual empezaría a darse cuenta de lo que era, quién era y lo que valía.

Se percató que era una persona, como las demás, que valía tanto o más que muchos que estaban a su alrededor en el instituto y pudo ver que la vida no era tan complicada como parecía ser si se pensaba un poco.

Gracias a que su intraversión desapareció, la timidez que quedó le concedió mucho tiempo para pensar en la vida, en los detalles de ésta y en cómo vivirla. Poco a poco, fue descubriendo que los problemas se solucionaban afrontándolos con mucha astucia y perseverancia.

A los 17 años empezó uno de los bachilleratos más difíciles (si no el más difícil) y, 4 años más tarde, se dio cuenta que con esfuerzo se podía conseguir todo.

El ciclo superior de Administración de Sistemas Informáticos no fue gran cosa, pero le sirvió para darse cuenta de dos detalles. Uno, que cualquiera puede dar clases; y dos, que siempre se aprende algo, por muy sobrado que vayas. En su caso, aprendió algo de redes y descubrió el lenguaje C, que le daría la base para muchísimos lenguajes posteriores.

Paralelamente, su afición a la programación le hizo descubrir PHP, un lenguaje que usaría más tarde para muchas cosas y el cual le abriría muchas puertas.

Y entonces, a los 21 años conoció a la persona que sería, probablemente, la más importante que había pasado por su vida hasta ese momento. Compartieron, durante unos meses, un fin en común que acabaron por romper de mutuo acuerdo para seguir siendo simplemente más que amigos. Durante años, ambos afrontaron retos de todo tipo, pero cada uno de ellos se fue superando. A día de hoy, siguen luchando contra lo que les echen, y, por ahora, no se separan.

Esta relación le ha dado, y le sigue dando mucho, le sigue enseñando cosas de la vida y continúa aprendiendo día a día.

26 años después de nacer, su filosofía es el Carpe Diem y su refrán es “No hay mal que por bien no venga”. No lucha contra el mundo: simplemente se deja llevar y disfruta de él mientras pueda. No le preocupa nada más que lo que vaya a cenar esa noche o dónde deba ir al día siguiente. Es claro y directo cuando debe decir algo, aunque no por ello deja de ser diplomático. Odia la moda y casi cualquier cosa que le quieran imponer a la fuerza.

Y, a día de hoy, a pesar de que sabemos su opinión de la actualidad, nunca llegaremos a saber lo que realmente pasa por su cabeza.

Bueno, yo sí lo sé.


09.27.07

Los colores y la vida

Posted in Lengua, Filosofando at 4:12 pm por angro

¿Os habéis preguntado la cantidad de colores que hay en la vida diaria?

Analízalo, porque te quedaste amarillo después de ponerte morado comiendo gambas. Quizá alguien te estuviera poniendo verde. Te quedas blanco ante la idea y no puedes evitar estar negro de furia. Sin embargo, luego piensas: “¿Qué más da? Quizá el que esté verde de envidia sea él”. Aun así, hay gente que te defiende y tú te pones colorado de pensarlo.

Tú sabes que tanto si eres de sangre azul como si eres de raza blanca, negra o amarilla, eres una persona agradable. Es más, odias el dinero negro. Para ti, la vida es de color de rosa y lo más probable es que tengas blanca el alma, yendo siempre de verde para no perder la esperanza.

La vida es un arco iris de ilusión y no se puede desperdiciar enegreciendo tu espíritu.

Aunque ya sabes lo que dicen: para gustos, colores.


09.01.06

Sobre el Todo

Posted in Filosofando at 12:53 am por angro

Navengado en busca de explicaciones sobre la teoría de las 10 dimensiones que propone la ciencia, me encontré con algo en mi propio idioma sobre la teoría de la relatividad.

¿Sabíais que la luz es lo único que viaja a velocidad constante sin variar? Y muchos diréis “no es tan raro”. Ya, visto así, sí, pero si os lo explico de otra forma diréis “no puede ser”.

Tenemos un coche viajando a 100 km/h y le adelanta otro a 150 km/h. Teóricamente, un peatón parado en la acera, verá uno a 100 y el otro a 150. Sin embargo, el coche que viaja a 100 km/h verá cómo el otro le adelanta a 50 km/h. Es lógico, ¿no? Es imposible que veamos al coche de nuestra izquierda adelantarnos a 150 porque entonces iría a 250 km/h (los 100 km/h nuestros más los 150 km/h a los que nos adelanta). Bueno, pues según el hombre de los pelos revueltos (Einstein), la luz sí lo hace.

Me explico. Si nosotros viajamos a la mitad de la velocidad de la luz, y nos adelanta un fotón viajando a la velocidad de la luz, tanto nosotros como el peatón parado en la acera veremos que el fotón viaja a la velocidad de la luz. ¿Cómo puede ser? A mí no me lo preguntéis, yo sólo soy informático. El caso es que lo miremos como lo miremos, según Einstein, la luz siempre, siempre, siempre viaja a la velocidad de la luz, se mire como se mire.

Es lo que yo llamo una velocidad en condiciones. Con esa velocidad no hay Schumacher que te gane.

Luego, pensando un poco en todo lo que hay y no hay en el Universo, he llegado a preguntarme “¿Qué coño había antes del BigBan?”, en el supuesto caso que lo hubiera, claro. He llegado a la conclusión de que nuestra pequeña mente no da para tanto todavía.

El ser humano se puede reducir a una pregunta “¿Y más allá qué más?”. Siempre estamos con aquello de saber qué puede haber más allá. Y acabo de descubrir que somos paradójicos. Resulta que no sómos capaces de entender el infinito al igual que no podemos concebir el finito. Me explico.

Si a vosotros os digo que el Universo es una bola inmensa que acaba en un borde donde ya no hay más nada, vosotros diréis: “Algo debe haber más allá, porque, sino, ¿dónde está ese Universo almacenado?”. ¿A que lo pensáis? Pues bien, ahora vamos en el caso contrario. Si os digo que el Universo es un enorme vacío infinito que no acaba nunca, vosotros diréis: “¿Cómo va a ser eso? Tiene que tener un fin”.

Una paradoja en toda regla. No concebimos ni el infinito ni el finito. No podemos pensar que algo se acaba, porque algo debe haber más allá. Sin embargo, no podemos pensar que algo no se acabe, porque un fin debe tener.

Somos un lío. Sin embargo, si empezamos a sobrecalentar nuestro cerebro pensando qué podría ser el Universo, podemos llegar a muchas conclusiones. Una es la de imaginar el Todo como algo no espacial. Quizá lo que contiene al Universo sea una singularidad cósmica. Paso a explicar esto.

Una singularidad es un punto en el espacio en la que toda la masa que llega se concentra (incluída la luz). Os sonará de los agujeros negros. Imagináos un punto en el espacio en el que toda la masa que llega se queda allí. Muchos pensaréis que eso no es posible, pero es que eso es lo que los científicos llaman singularidad, debido a que no se rige por ninguna ley que conozcamos.

Vamos con un ejemplo. Imagináos una caja de 1 metro de lado en el que empezamos a meter papel. Llega un momento que por el volumen de los papeles almacenados y por las dimensiones de la caja, no podremos meter más. Pero vamos a obviar eso. Suponed por un momento que podemos seguir metiendo papel en esa caja todo lo que queramos. Imaginad por un momento que esa caja de 1 metro de lado empieza cada vez a contener más y más materia.

Según las leyes de la física, cuando un objeto tiene masa, atrae a otros que están cerca (por eso la Tierra gira alrededor del Sol), y cuanta más sea la masa de este cuerpo, con más fuerza atraerá a los cuerpos que tiene a su alrededor.

Bien, volviendo a la caja, si seguimos añadiendo papel, su masa será mayor, porque cada vez tendrá más materia. Por lo tanto empezará a atraer a nuevos objetos poco a poco a su interior. Si nosotros seguimos metiendo papel a la fuerza, ella a su vez tendrá más fuerza para atraer objetos, hasta que llegue un punto en el que ella sola se alimente y se introduzca a si misma más papel. Bueno, pue llegará un momento en el que esa caja tendrá tanta masa concentrada en un punto tan pequeño que nada podrá escapar a su gravedad… ni siquiera la luz. Cualquier rayo de luz que pase cerca de la caja, será atraído por ésta hacia su interior. Se producirá, entonces, una singularirdad cósmica.

Extrapolando nuestro ejemplo al Universo, un agujero negro es un punto en el espacio de un tamaño pequeñísimo en el que hay tanta masa almacenada que nada puede escapar a ella. No puede escapar ni siquiera la luz; por eso se llama agujero negro.

Ya sé que así a simple vista parece algo inconcebible, pero es así. Es decir, es como si en una caja de zapatos pudiéramos meter todo el mobiliario de nuestra casa, el de nuestros vecinos y todavía siguiéramos metiendo más cosas.

Bueno, pues volviendo a mi teoría del Todo, yo creo que nuestro Universo no es más que un agujero negro de un Universo mayor, que a su vez es otro agujero negro de otro Universo mayor… y así hasta cerrar el ciclo en el que el Universo más grande sea, por ejemplo, un agujero negro de nuestro propio Universo. ¿Algo absurdo? Amigos míos, en estas alturas del pensamiento, todo lo que podamos decir será una locura.

Y creo que por hoy, basta, porque a las 2 de la madrugada no se piensa muy bien, y menos cuando tienes que levantarte por la mañana para trabajar. Seguiré con mis teorías, como ya avancé en otro artículo.