Vidas paralelas

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Marta esperaba el autobús mientras la gente la miraba disimulando. Estaba triste, muy triste.  Apenas podía levantar la mirada. A veces lloraba. Otras ves simplemente suspiraba.

Se sentía desdichada. No estaba feliz con su novio a pesar de que no tenía motivos. Su trabajo no le daba la motivación diaria necesaria. No sabía por dónde encaminar su vida. Se pasaba las horas pensando, sentada en su sofá, a veces con la tele encendida pero sin verla; otras veces a oscuras.

Un chico en silla de ruedas se acercó a la parada. Su sonrisa le iluminaba la cara. Parecía feliz.

—Hombre, Paco —dijo un hombre de pelo cano—, ¡qué de tiempo! ¿Cómo lo llevas? Ya sabes…
—¡Hombre, Luis! Bien, me va bastante bien —dijo Paco, el chico de la silla de ruedas—. Ya sabes cómo soy. Alguien dijo una vez “el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”.

Marta sintió curiosidad y comenzó a escuchar la conversación sin levantar la mirada.

—Tengo muchos proyectos —continuó diciendo Paco—. Teníamos proyectado sacar adelante la empresa y pienso hacerlo por ella.
—¿Y va bien? —preguntó Luis.
—Pues sí, bastante bien. Tengo a mi cuñada contratada. Ella lo lleva peor. Intento animarla, y creo que empieza a superarlo. Nos estamos implicando mucho en sacar el proyecto adelante, y empieza a dar sus frutos. Ayer mismo me llamó por teléfono un representante de una empresa que quiere empezar a hacernos pedidos.
—Oh, qué bien. Me alegro. No sabes cuánto me alegro.
—Gracias. Ahora voy a verla. ¿Ha pasado ya el que va al cementerio?
—No sé.

Marta levantó la cabeza y dijo:

—No, yo llevo aquí 15 minutos y aún no ha pasado.
—Ah, muchas gracias. Bueno, esperaré. —Pacó miró a Luis y añadió—: Ahora estoy en trámites de adoptar un niño.
—¡No me digas! —exclamó Luis.
—Pues sí. —Su sonrisa se agrandó y parecía el ser más feliz del mundo—. Habíamos hablado mucho de empezar a buscar niño. Ahora voy a hacerlo. Por ella.  Estoy muy ilusionado. Quiero hacer todo lo que habíamos planeado. Viviré por ella y disfrutaré por ella.

Marta abrió los ojos como platos al escuchar esto último. Le parecía increíble cómo hablaba este hombre.

Decidió que se iría andando para pensar. Se levantó y empezó a andar. Abrió su bolso y sacó su cartera. Sacó la foto de su novio. La miró durante un rato y la guardó.

Se le escapó una lágrima mientras pensaba en lo que ella tenía y no sabía apreciar. Su vida era maravillosa. Tenía trabajo, buena salud y un novio que la quería. Pensó en recuperar aquellos proyectos personales que siempre había querido hacer. Aquel chico le había dado fuerzas.

Sacó su móvil del bolso y llamó a su novio.

—Hola, cari —respondió su novio al descolgar.

Marta empezó a lloriquear.

—Hola, vida.
—¿Qué te pasa? ¿Dónde estás? ¿Quieres que vaya a verte? —El chico estaba preocupado al escuchar a su novia llorar.
—No te preocupes, vida. Ahora sí que estoy bien. Necesitaba escucharte. Luego te contaré, pero ahora estoy feliz.
—¿Seguro que estás bien?
—Seguro, de verdad. No te  preocupes, no me ha pasado nada. Es de la alegría de escucharte. ¿Te parece si luego nos vamos al cine y te cuento? Quiero ver aquella de risa que vimos anunciada el otro día.
—Vale.
—Recuerda que te quiero.
—Yo también te quiero. Hasta luego.
—Hasta luego.

Marta se secó las lágrimas y empezó a animarse.

Ese día, Marta aprendió una gran lección. Quizá estés triste con tu vida o tengas problemas, pero el tiempo pasa y si no haces nada, lo único que vas a conseguir es perder poco a poco tu vida. Ten motivaciones, busca ayuda externa, habla con quien tengas que hablar. Haz lo que sea, pero vive lo más contento y feliz que puedas. Quítate los problemas de encima lo más rápido que puedas. No te recrees en la pena, porque así no conseguirás nada.

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