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27 de diciembre (5 años después)

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Hace ya 5 años de esta entrada.

Cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando la escribí y ya han pasado 5 años.

Muchas veces me he planteado, ¿qué me diría si pudiera ir al pasado y hablar conmigo mismo? Y siempre llego a la misma conclusión: realmente nada, porque soy lo que soy porque hice lo que hice. Si no fuera así, todo sería diferente. Efecto Mariposa, lo llaman.

Pero dejando a un lado las cuestiones metafísicas, y actuando de corazón, creo que me preguntaría qué pienso del futuro. Hacerme preguntas que antes no me hacía, por miedo a la respuesta.

Aquella entrada del 27 de diciembre del 2007 hacía un repaso de la infancia de aquél niño nacido en el 81.

Hoy quiero repasar estos cinco años.

Aquella persona de la que hablo en la entrada, ya no es tan cercana, pero todo acabó bien, algo que gráficamente se vería como un apretón de manos y un “gracias por todo”.

He conocido a grandes personas en estos 5 años, personas que me han dado mucho y me han enseñado.

Entre ellas destaco a Antonio, un gran jefe y mejor persona. Las circunstancias son las que son, y no las voy a decir, pero me enseñó que hay gente que hace lo que haga falta por hacer las cosas como su corazón le dicta, a pesar de todo. Ese hombre me marcó mucho, y le debo tanto, que creo que nunca podré agradecérslo lo suficiente.

A todos los integrantes de Acelerados Networks, una empresa en la que aprendí mucho y me dio grandes momentos.

Cristobal, qué decir de él. Todo lo que pueda decir es poco. Me ha dado y me sigue dando muchas lecciones de vida y profesionalmente he evolucionado mucho gracias a él.

Y mi niña. Mi gran amor, el que siempre he estado buscando. Alguien que esperaba con ansia, y ya lo he encontrado. O ha venido a mí. El caso es que a día de hoy, la vida es diez mil veces mejor gracias a ella.

Veréis, si por algo me gustaría hablar con aquél Óscar de 26 años (o de cualquier edad), es para preguntarle por las parejas, su futuro amoroso, etc. Sé lo que pensaba, pero hay preguntas que sólo podría contestarla allí, in-situ.

Dependiendo del momento, contestaba una cosa u otra. Nunca nada radical, pero siempre con un toque melancólico, como esperando, como recordando el futuro, algo que podrá ser y quizá tarde en llegar.

Preguntas a veces sin respuesta y otras con respuesta a medias. Si hablara con él, seguro que me diría que no pierde la esperanza, pero no sabe cuándo llegará. Lo ve lejos, pero no imposible.

La conversación entre yo y mi yo del pasado sería más o menos así:

-Oye, ¿cómo te ves en el futuro desde el punto de vista amoroso?
-No sé, la verdad. Todo lo veo turbio. Mi futuro amoroso es algo que jamás he visto claro.
-¿Cómo te gustaría estar?

Se quedó pensativo un rato y luego dijo:

-Una chica, viviendo juntos, compartiendo momentos, de la que me sintiera orgulloso, sin complicaciones… como papá y mamá. Tú sabes, fluído, sin pegas, peleas ni riñas.

Se quedó callado un momento, sonrió con aire romántico y luego añadió:

-Me veo paseando por la playa, viendo el atardecer, cogido de ella de la mano. Hablando de todo.

Eso me recordó mi primer día con mi novia. En la Cruz del Mar de Chipiona, viendo ponerse el sol, charlando. Pero no dije nada. No era bueno darle pistas, o podría estropearse todo. En lugar de eso, le hice una pregunta dura, pero que siempre había estado en mi mente.

-¿Confías en ti para una relación?
-No. Sinceramente, desconfío mucho de mí, me da miedo no estar a la altura. Creo que papá y mamá han puesto el listón muy alto, y ellos empezaron antes. Lo veo tan idílico, que pienso que todo lo que venga será peor, y me da miedo no saber cómo reaccionar.
-Todo es cuestión de proponérselo, y es cosa de dos, ya sabes. Si con alguien no estás bien y no es lo que crees, lo podéis dejar.
-Ya, eso es muy fácil de decir, ¿pero quién se separa de alguien después de buscar tanto? Dudo mucho que tuviera furerzas para encontrar a alguien luego si me pasara algo así.

Se me vinieron a la cabeza muchas chicas que conocí y que tuve que dejar por no ser lo que buscaba. Es increíble la fuerzas que saca uno en momentos difíciles. El amor todo lo puede. Le dije algo que le irritaría, pero tenía que decirlo:

-Tendrás que hacerlo. Créeme, tendrás ocasiones en las que no te compensará para nada.
-¿Y me quedarán fuerzas? ¿En serio? ¿De dónde sacaré las fuerzas?
-Del día a día, amigo. No habrá nada más potente que la perseverancia, y te darás cuenta tarde o temprano. ¿Recuerdas esos golpes de la vida que todo el mundo habla y que te hacen despertar y aprender? Pues esos te harán ser paciente, y seguir buscando.
-¿Lo conseguiré?

Me quedé pensativo un momento, sopesando la respuesta. No era fácil responder sin alterar el futuro. Me encogí de hombros dándole a entender que tendría que descubrirlo por sí mismo. Y añadí:

-Mírame a la cara y dime qué ves. Sé que puedes.

Me miró fíjamente. Su mirada irradiaba tristeza, como si le faltara la mitad de su vida, como si estuviera a medias. Esa mirada era de un hombre menguado por sus circunstancias. Se veía inseguro. Sus ojos vagaban cuando se distraía. A veces miraba a un lado, recordando; otras veces miraba al otro, inventando su futuro, navegando por situaciones y mundos que nunca existieron. Me dio pena de aquel muchacho, porque no vivía el presente, siempre se refugiaba en el pasado, otras en el futuro.

-Te veo muy maduro -dijo por fin, con un toque de envidia-. Madre mía, lo que daría por tener tu sabiduría y seguridad ahora mismo. Te ves feliz, es como si alguien con una varita mágina te hubiera tocado y hubiera dado la vuelta al calcetín. No veo duda en tus ojos. No veo la razón o motivo por el cuál puedo llegar a evolucionar tanto en tan poco tiempo.
-Quizá sí lo sepas -añadí recordando mi gran cambio en la vida-. Piensa en tu cambio de personalidad en 4º de ESO. ¿Recuerdas? Pues algo así te ha pasado.

Le cambió la cara, agachó la cabeza y dijo sin mirarme:

-¿Habrá otra como esa? ¿Tan mal estoy y no me doy cuenta?
-No es que estés mal, Óscar, es que siempre hay algo que aprender. Yo sé que ya has apreciado lo que te ha pasado por tu vida, pero también sé que envidias otras cosas y te lamentas en cierto modo de no tenerlas por haber sido lo que eres. Pero gracias a eso, serás como me ves. Y créeme, yo sé que a mí me queda muchísimo por aprender y muchos cambios como este que ves entre tú y yo.

Me miró y sólo dijo:

-Imagino.

Agachó la cabeza otra vez y me dijo con tono de súplica:

-Dime al menos si voy a encontrar a alguien.
-Mírame otra vez, Óscar. ¿Me ves feliz?

Afirmó con la cabeza mientras me miraba evitando mirarme a los ojos.

-¿Entonces qué importa si he encontrado a alguien o no? Estoy feliz, quédate con eso.

Me miró a los ojos y con sonrisa irónica (casi sarcástica), me dijo:

-Venga ya, Óscar. Eso no te lo crees ni tú. Sabes que lo que más quiero en este mundo ahora mismo es una pareja estable. Si no tuvieras a alguien no ibas a estar tan feliz. Dudo mucho que haya habido algo tan grande que te haya hecho cambiar de opinión tanto.

Esta vez fui yo el que agachó la cabeza. Tenía razón. Si no tuviera a mi novia, no estaría tan feliz. Yo mismo me veo en las fotos y la diferencia es avismal.

Me despedí de él deseándole mucha suerte y sólo dándole un consejo: que siguiera lo que le dictara su corazón.

Fue una conversación muy interesante. Me hubiera gustado decirle lo de mi novia, cómo la conocí, qué hemos hecho desde entonces, los recuerdos que tengo de estos dos años… Aunque esto lo reservo para la siguiente entrada. Hoy quisiera acabar diciendo que sin mis amigos y familiares cercanos jamás hubiera llegado donde estoy.

Mención especial para mis amigos Javi, Itziar, Nacho, Ana, Paco y Jose Mari. Sin ellos y los buenos momentos que hemos pasado juntos, hubiera sido imposible llegar adonde estoy.

Y evidentemente para mi niña. Sin ella no estaría donde estoy y no sería tan feliz. Te reservo la siguiente entrada para ti sola.

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