El Cumpleaños

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Como cada año, en mi casa celebramos el cumpleaños. Mi madre siempre me dice que es algo que debemos hacer y que es una tradición. Yo lo acepto porque siempre ha sido así. Desde que tengo uso de razón, el 5 de marzo adornamos la casa y durante 2 semanas la tenemos llena de globitos, cadenetas, gorritos y matasuegras.

Lo único que sé es que el cumpleaños es de un tal Francisco, que nació hace 400 años en China (en realidad se llamaba Van Yi-Cho, pero se tradujo por “Francisco”). Según la leyenda, y un libro creado por varias personas, este hombre fue muy importante. Se le conoce como Paco el Generoso. Todos lo adoran, y se ha convertido en una leyenda. Según se cuenta en este libro, Paco era un hombre muy bueno que ayudó a cientos -por no decir miles- de personas, entregándoles lo que tenía y ayudándoles con sus dolencias. Algunos creen, y así se afirma en el propio libro, que Paco llegó a hacer milagros, curando a enfermos o resucitando muertos. Además a Paco se le debe lo que somos hoy en día; no sé por qué y nadie ha sabido explicármelo, pero es así.

Yo no sé mucho de este hombre, porque tampoco me interesa más de lo que me pueden interesar otras figuras históricas, pero lo cierto es que durante dos semanas en marzo, celebramos el nacimiento de este hombre. Lo gracioso es que se cree que este hombre no nació en marzo, pero se estableció este día para cubrir otra fiesta de otro país, que estaba empezando a eclipsar a esta. Según los historiadores, se piensa que Paco nació en septiembre, pero aún así, todos la celebramos en marzo.

Hay chavales y no tan chavales que reniegan de él y hasta lo desprecian, incluso se niegan a creer que pudiera haber existido o que hubiera hecho tantas cosas. Sin embargo, no logro entender por qué esta gente se sientan a la mesa la noche del 4 de marzo, a cenar con la familia que nunca ven, y a cantar canciones en honor de una persona en la que no creen y hasta a la que desprecian. Luego se van al centro, de fiesta, incluso si cae en miércoles, martes o incluso domingo. Se emborrachan como nunca, se visten como no se visten ni en las bodas de sus familiares y se dicen unos a otros “feliz nacimiento” durante las dos semanas que dura esta fiesta. El día 5 es fiesta en todo el país y todos quedan para almorzar, para seguir cantando y para estar en familia.

Sigo sin entender por qué pasa, por qué hay gente que lo desprecia y sigue celebrándolo, sigue yendo a emborracharse y sigue deseándose un “feliz nacimiento”, incluso entre ellos mismos.

Son gente rara, pero igual de rara me parecen los que lo celebran creyendo en él. Yo ni creo ni dejo de creer, así que me da igual celebrarlo o no celebrarlo. Supongo que eso también me convierte en raro, pero no puedo evitarlo, me lo han metido tan de lleno en la cabeza que si alguien me dice “feliz nacimiento”, tengo que contestarle lo mismo.

No digo que no debamos honrar la memoria de Paco como se hace con otras figuras histórias, pero sigo sin entender por qué yo tengo que adorar a una persona que nació hace 400 años, en un lugar tan lejos de aquí y tener que tenerlo como una especie de dios, siguiendo sus consejos y sus enseñanzas. ¡Pero si hasta hay gente que le ha construído edificios en su honor donde se reúnen para cantar y decir una y otra vez lo que hizo, cómo lo hizo y a cuántos ayudó!

No lo sé, quizá seamos todos muy raros, pero aquí estamos, celebrando el nacimiento de alguien en quien no creemos y cenando y almorzando dos días con la familia, cantando canciones absurdas y diciéndole a la gente que tenga un feliz nacimiento. No sé si esto durará mucho, pero creo que tenemos que ser consecuentes. Esa noche y el día siguiente deberían ser días normales, donde hiciéramos lo mismo que todos los días. Si creemos en este hombre, creamos en él; pero si no creemos, dejémonos de adornar las casas y de vestirnos como mamarrachos, con gorritos y chorradas en las que no creemos.

A veces es bueno tener un clima de fraternidad como ocurre en esas 2 semanas, pero sin dejar de lado nuestras convicciones y sin perder de vista lo que somos y en lo que creemos.

Porque, en mi tierra, decir una cosa en unas circunstancias y en otras, lo contrario se le llama chaquetero o “convenío”.

Obviamente, yo también me meto en el saco, porque todos somos absurdos y todos actuamos sin ser consecuentes; unos más que otros, lo reconozco.

Con esto no quiero criminalizar una conducta que no hace daño a nadie, -que Dios me libre (jeje)-, pero intento hacer ver lo tonto que resulta nuestro comportamiento, tanto de los que creen como de los que no. Que cada uno haga lo que quiera, pero me hace gracia ver a gente (repito, yo incluída) que en días normales reniegan de “Paco” y que el “5 de marzo” se reúnen alrededor de una mesa, con toda su familia, con sus casas llenas de “gorritos y matasuegras” y cantan canciones, para luego irse de fiesta a celebrar algo que el resto del año niegan rotundamente.

Es sólo mi opinión.

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