27 de diciembre

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Tal día como hoy, de 1981, una mujer entraba en el hospital de una pequeña ciudad de Cádiz embarazada de 9 meses y con ganas de tener a ese primer bebé. Con mucho pelo y todos tiesos, fue extraído con unos forceps que le marcarían la vista para el resto de su vida.

Muy nervioso pero muy intravertido, empezó a ir a una guardería (y más tarde, un colegio) bastante lejos de donde él vivía. Su abuelo materno murió a los 3 meses de él nacer y la familia tuvo que mudarse a casa de la abuela para no dejarla sola. Debido a eso, y a que sus “amigos” estaban todos en aquél otro barrio, su padre tuvo que llevarlo todos los días al colegio durante unos 12 años.

Como a muchos niños, no le gustaba ir. Más tarde descubriría que el motivo no era otro que su nula capacidad (y voluntad) de relacionarse con los demás niños. Se sentía tan incómodo con los demás, que no le gustaba ir. Sin embargo, aprendió a no hacer caso de eso y a disfrutar lo posible.

Su inocencia le convirtió en alguien con un complejo de inferioridad tal que el hecho de hablar con algún niño le suponía una gran impresión; hasta el punto de preguntarse si realmente ese niño estaba interesado en lo que él decía.

A los 4 años nació su hermana: una niña muy graciosa y despierta. Tardaron casi 20 años en aprender el significado de la palabra “hermanos”. Y, al menos él, se alegra de haberlo aprendido.

Pasaron los años y, sin esfuerzo ni darse cuenta, fue aprobando los cursos hasta llegar a secundaria. Por el camino, los amigos fueron llegando y yéndose de su vida. Todos excepto uno. Aquél que menciona “El Arrebato” en su canción que nunca se olvida y que vive siempre en tu mente.

A los 14 años, sus padres le compraron su primer ordenador. No era algo sencillo pero eso le daba igual, ya que pronto empezó a trastear ese sistema llamado DOS… y le encantaba.

En el instituto, en secundaria, y tras ver el nuevo mundo que se le abría ante él, fue despertando de su largo letargo. Un letargo que duró más de 14 años y que por fin llegaba a su término. El curso de 4º de ESO sería el principio del fin. El principio en el cual empezaría a darse cuenta de lo que era, quién era y lo que valía.

Se percató que era una persona, como las demás, que valía tanto o más que muchos que estaban a su alrededor en el instituto y pudo ver que la vida no era tan complicada como parecía ser si se pensaba un poco.

Gracias a que su intraversión desapareció, la timidez que quedó le concedió mucho tiempo para pensar en la vida, en los detalles de ésta y en cómo vivirla. Poco a poco, fue descubriendo que los problemas se solucionaban afrontándolos con mucha astucia y perseverancia.

A los 17 años empezó uno de los bachilleratos más difíciles (si no el más difícil) y, 4 años más tarde, se dio cuenta que con esfuerzo se podía conseguir todo.

El ciclo superior de Administración de Sistemas Informáticos no fue gran cosa, pero le sirvió para darse cuenta de dos detalles. Uno, que cualquiera puede dar clases; y dos, que siempre se aprende algo, por muy sobrado que vayas. En su caso, aprendió algo de redes y descubrió el lenguaje C, que le daría la base para muchísimos lenguajes posteriores.

Paralelamente, su afición a la programación le hizo descubrir PHP, un lenguaje que usaría más tarde para muchas cosas y el cual le abriría muchas puertas.

Y entonces, a los 21 años conoció a la persona que sería, probablemente, la más importante que había pasado por su vida hasta ese momento. Compartieron, durante unos meses, un fin en común que acabaron por romper de mutuo acuerdo para seguir siendo simplemente más que amigos. Durante años, ambos afrontaron retos de todo tipo, pero cada uno de ellos se fue superando. A día de hoy, siguen luchando contra lo que les echen, y, por ahora, no se separan.

Esta relación le ha dado, y le sigue dando mucho, le sigue enseñando cosas de la vida y continúa aprendiendo día a día.

26 años después de nacer, su filosofía es el Carpe Diem y su refrán es “No hay mal que por bien no venga”. No lucha contra el mundo: simplemente se deja llevar y disfruta de él mientras pueda. No le preocupa nada más que lo que vaya a cenar esa noche o dónde deba ir al día siguiente. Es claro y directo cuando debe decir algo, aunque no por ello deja de ser diplomático. Odia la moda y casi cualquier cosa que le quieran imponer a la fuerza.

Y, a día de hoy, a pesar de que sabemos su opinión de la actualidad, nunca llegaremos a saber lo que realmente pasa por su cabeza.

Bueno, yo sí lo sé.

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3 Responses to 27 de diciembre

  1. Me has emocionaó 😉

  2. quién es la tía a la que conociste con 21 años?

  3. LYLA, ya lo sabes. 😉

    Me has dado muchos y muy buenos momentos. Gracias, en serio.

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