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El romanticismo de lo predecible

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¡Ay, el amor! Qué bonito, ¿verdad? Algo que sólo los seres humanos podemos sentir y que nos convierte en seres únicos. ¿Quién no ha sentido alguna vez esa sensación de acelerársele el corazón, las tan nombradas mariposas en el estómago y la falta de palabras ante la persona amada?

Todo muy bonito… y seguiría siendo así de bonito si se quedara ahí; es decir, sentimos amor y lo demostramos con palabras bonitas y con acciones que en otras circunstancias seríamos incapaces de hacer. Sin embargo, el ser humano no se queda ahí, siempre quiere más y la mayoría de las veces lo estropea.

Con el paso del tiempo, el 14 de febrero ha pasado de ser un día normal a ser la excusa perfecta para decirle a tu pareja “Cariño, sigo aquí, no te enfades”. No veo nada menos romántico que eso.

Supuestamente, este día es para demostrarle a la pareja que la queremos. Sin embargo, para mí es otra de las acciones absurdas que convierten al ser humano en algo predecible y poco “inteligente”. Y no es porque no debamos decirle a la pareja que la queremos, sino porque eso deberíamos hacerlo todos los días o, al menos, el día menos pensado, y no cuando se nos obligue.

La época en la que estuve saliendo con una chica (con la que sigo manteniendo una profunda amistad y a la que sigo viendo a menudo), el día de San Valentín nos pilló en medio de la relación. Yo, como comprenderéis, soy de los que odia regalar cuando me lo ordenan, así que como no me apetecía regalarle nada, no le compré nada. Ella, viendo que no le había regalado nada, me dijo en un principio que no importaba, pero luego me insinuó que le hubiera gustado que le comprara algo. Yo, por no enfadarme con ella, fui a comprarle una rosa, sin muchas parafernalias.

Ella se puso muy contenta. ¿Comprendéis ahora lo que digo de lo predecible y poco “inteligente” del ser humano? Pero no sólo ella, sino los millones de personas en el mundo que creen que este día es para regalar algo y si no, eres un mal novio/a, amante o esposo/a.

Sin embargo, meses después de cortar, vi un DVD de un grupo que le gustaba en una tienda de música y se lo compré. Era un día cualquiera, de verano, no era su cumpleaños, ni su santo ni chorradas por el estilo. Se lo regalé y me dijo “¿Y esto por qué es?”, y le dije “Porque lo vi y creí que te gustaría”. Para mí, eso es romanticismo, amistad o, simplemente, ser original.

De hecho, hace una semana vino a mi casa y, entre otras cosas, salió el tema de aquel día, y se lo dije claro: “Yo aquel día te regalé la rosa sin ganas” y ella me dijo “Ya lo sé”, riéndose a carcajadas.

Sin emgargo, aquí estamos, dejándonos llevar por tres mártires y la omnipresente Iglesia Católica que probablemente quiso pisar la fiesta pagana de las Lupercales, celebrada el 15 de febrero.

Después de ver de lo que somos capaces el ser humano, más convencido estoy de mis creencias. Y en el libro de angro, escribí hace algunos años otro de mis mandamientos: “No regalarás en días señalados a menos que sea estrictamente necesario”.

Feliz día de San Valentín.

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