Aprendizaje forzoso

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La enseñanza y la educación se basan en hacerle entender a una persona algo que desconoce o que hace mal.

Partiendo de la base de que no somos animales, la respuesta condicionada con nosotros no funciona. No significa que si tocamos una llama la vayamos a tocar otra vez (que también), sino que el aprendizaje en el ser humano no funciona con gritos, insultos, maltrato físico o cualquier otro método dañino para el alumno.

El padre que dialoga con el hijo para que entienda una cosa, conseguirá más y más rápido si lo hace con buenas maneras que si le pegara cada vez que hace algo mal. Eso no significa que un padre no deba hacerse respetar, porque la autoridad hay que mantenerla. Es decir, de nada sirve que dialogues con tu hijo si él no te respeta y no ve en ti una figura importante a tener en cuenta.

¿Cómo se consigue? Con un equilibrio, que será el que haga que tu hijo te respete y te haga caso sin tener que recurrir a pegarle.

Obviamente, para hacerse respetar hay que ponerse firme en algunas situaciones y alzar la voz en alguna ocasión. Aunque tenemos que procurar no convertirlo en una costumbre, ya que se perderá el sentido de la enseñanza.

Mi padre, por ejemplo, me ha enseñado muchas cosas, me he divertido con él, me he reído y me lo he pasado en grande con él; pero también lo respeto y me paro a pensar cuando me pone mala cara.

Sin embargo, no ha usado el maltrato para educarme. Su padre jamás lo hizo con él y él jamás lo ha hecho conmigo. Y eso es algo que agradezco enormemente, porque gracias a eso soy lo que soy.

Aunque hay gente que eso no lo entiende. Hay gente que no entiende que no se puede enseñar a una persona (sea pequeña o mayor) con el maltrato físico o verbal. La educación se basa en el equilibrio. Si tu hijo no hace algo bien, pegándole no conseguirás que lo haga bien.

La explicación de por qué pasa esto es porque las personas funcionamos con la lógica. A veces parece que no, pero necesitamos que nos expliquen las cosas, porque, como he dicho antes, la respuesta condicionada no funciona con nosotros. A nosotros si no nos convence lo que nos dicen, volveremos a hacerlo mal, aun exponiéndonos a que volvamos a sufrir daños físicos.

Pero es que además de eso, rechazamos la autoridad. A nadie le gusta que le manden, le ordenen, le peguen o le griten. Da igual que tengan razón en lo que dicen. Eso lleva consigo que si tú, como padre, pegas a tu hijo demasiado y no dialogas con él, rechazará tu autoridad ya que, aparte de no darle explicación de por qué eso está mal, le has pegado.

Al que no sepa cómo poner en práctica lo que digo, le daré unos consejos.

Hay situaciones en las que es obvio que tienes razón de sobra para enfadarte, pero gritando y dando golpes no consigues nada. Tienes que controlarte, contar hasta diez y pensar cómo puedes solucionar el problema sin gritar. Ya sé lo que vas a decir: “yo dialogo con él, yo se lo digo muchas veces”. Sí, dialogas con él, le explicas los motivos, le explicas lo que tiene que hacer y cómo lo tiene que hacer, y eso es muy bueno… pero es que si se lo dices endadado, lo anulas, pierdes todo lo que has conseguido con el diálogo.

Si no dialogas con él, no podrás conseguir nada, porque por cada enfado retrocerás un paso.

Inténtalo, si no puedes dejar de enfadarte con él, intenta controlarte. Pásate un tiempo (un año, por ejemplo), diciéndole las cosas sin enfadarte. No le levantes la voz, no te irrites, no des señales de enfado, no protestes, no recrimines… simplemente dialoga. Siéntante con él y explícale por qué pasa.

Y te preguntarás: “¿Y si no me hace caso ni siquiera con ese diálogo?”. Pues muy sencillo, Gandhi tiene la respuesta, y se trata de la resistencia pasiva o resistencia no violenta. ¿Cómo se hace eso? Perjudicándole pasivamente hasta conseguir lo que quieres. Por ejemplo, si quieres que tu amigo termine una parte de un trabajo que lleváis entre los dos y no lo consigues con el diálogo (cosa difícil), debes hacerle entender que si él no hace eso, tú no podrás llevárselo al cliente para que cobre.

Intenta ponerle su responsabilidad contra él haciendo algo que le perjudique de forma indirecta. La mayoría de las veces os perjudicará a los dos, pero haciendo el sacrificio podrás conseguirlo.

Eso sí, si no tienes paciencia para hacerlo, no lo conseguirás nunca. Obviamente, esto sólo puedes ponerlo en práctica si todo lo demás no te funciona y cuando tengas motivos de sobra para tener razón. En cualquier otra ocasión, deberás dialogar.

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