Monthly Archives: Julio 2006

Aprendizaje forzoso

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La enseñanza y la educación se basan en hacerle entender a una persona algo que desconoce o que hace mal.

Partiendo de la base de que no somos animales, la respuesta condicionada con nosotros no funciona. No significa que si tocamos una llama la vayamos a tocar otra vez (que también), sino que el aprendizaje en el ser humano no funciona con gritos, insultos, maltrato físico o cualquier otro método dañino para el alumno.

El padre que dialoga con el hijo para que entienda una cosa, conseguirá más y más rápido si lo hace con buenas maneras que si le pegara cada vez que hace algo mal. Eso no significa que un padre no deba hacerse respetar, porque la autoridad hay que mantenerla. Es decir, de nada sirve que dialogues con tu hijo si él no te respeta y no ve en ti una figura importante a tener en cuenta.

¿Cómo se consigue? Con un equilibrio, que será el que haga que tu hijo te respete y te haga caso sin tener que recurrir a pegarle.

Obviamente, para hacerse respetar hay que ponerse firme en algunas situaciones y alzar la voz en alguna ocasión. Aunque tenemos que procurar no convertirlo en una costumbre, ya que se perderá el sentido de la enseñanza.

Mi padre, por ejemplo, me ha enseñado muchas cosas, me he divertido con él, me he reído y me lo he pasado en grande con él; pero también lo respeto y me paro a pensar cuando me pone mala cara.

Sin embargo, no ha usado el maltrato para educarme. Su padre jamás lo hizo con él y él jamás lo ha hecho conmigo. Y eso es algo que agradezco enormemente, porque gracias a eso soy lo que soy.

Aunque hay gente que eso no lo entiende. Hay gente que no entiende que no se puede enseñar a una persona (sea pequeña o mayor) con el maltrato físico o verbal. La educación se basa en el equilibrio. Si tu hijo no hace algo bien, pegándole no conseguirás que lo haga bien.

La explicación de por qué pasa esto es porque las personas funcionamos con la lógica. A veces parece que no, pero necesitamos que nos expliquen las cosas, porque, como he dicho antes, la respuesta condicionada no funciona con nosotros. A nosotros si no nos convence lo que nos dicen, volveremos a hacerlo mal, aun exponiéndonos a que volvamos a sufrir daños físicos.

Pero es que además de eso, rechazamos la autoridad. A nadie le gusta que le manden, le ordenen, le peguen o le griten. Da igual que tengan razón en lo que dicen. Eso lleva consigo que si tú, como padre, pegas a tu hijo demasiado y no dialogas con él, rechazará tu autoridad ya que, aparte de no darle explicación de por qué eso está mal, le has pegado.

Al que no sepa cómo poner en práctica lo que digo, le daré unos consejos.

Hay situaciones en las que es obvio que tienes razón de sobra para enfadarte, pero gritando y dando golpes no consigues nada. Tienes que controlarte, contar hasta diez y pensar cómo puedes solucionar el problema sin gritar. Ya sé lo que vas a decir: “yo dialogo con él, yo se lo digo muchas veces”. Sí, dialogas con él, le explicas los motivos, le explicas lo que tiene que hacer y cómo lo tiene que hacer, y eso es muy bueno… pero es que si se lo dices endadado, lo anulas, pierdes todo lo que has conseguido con el diálogo.

Si no dialogas con él, no podrás conseguir nada, porque por cada enfado retrocerás un paso.

Inténtalo, si no puedes dejar de enfadarte con él, intenta controlarte. Pásate un tiempo (un año, por ejemplo), diciéndole las cosas sin enfadarte. No le levantes la voz, no te irrites, no des señales de enfado, no protestes, no recrimines… simplemente dialoga. Siéntante con él y explícale por qué pasa.

Y te preguntarás: “¿Y si no me hace caso ni siquiera con ese diálogo?”. Pues muy sencillo, Gandhi tiene la respuesta, y se trata de la resistencia pasiva o resistencia no violenta. ¿Cómo se hace eso? Perjudicándole pasivamente hasta conseguir lo que quieres. Por ejemplo, si quieres que tu amigo termine una parte de un trabajo que lleváis entre los dos y no lo consigues con el diálogo (cosa difícil), debes hacerle entender que si él no hace eso, tú no podrás llevárselo al cliente para que cobre.

Intenta ponerle su responsabilidad contra él haciendo algo que le perjudique de forma indirecta. La mayoría de las veces os perjudicará a los dos, pero haciendo el sacrificio podrás conseguirlo.

Eso sí, si no tienes paciencia para hacerlo, no lo conseguirás nunca. Obviamente, esto sólo puedes ponerlo en práctica si todo lo demás no te funciona y cuando tengas motivos de sobra para tener razón. En cualquier otra ocasión, deberás dialogar.

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La familia religiosa

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Hace ya tiempo que estamos escuchando cosas como “la familia debe componerse por un hombre y una mujer”, “los homosexuales destrozan la familia” o cosas así.

El otro día, cuando comentaban la llegada del Papa a España en el telediario, escuché a un tío diciendo que a los homosexuales los respeta porque les da lástima.

Según esta gente, los homosexuales destruyen a la familia, y ni siquiera saben por qué. Ellos van como borregos detrás del Papa, soltándole dinero a la Iglesia, mientras ésta se dedica a prohibir cosas.

Según la Iglesia, la familia debe estar compuesta por un hombre y una mujer, pero ni siquiera saben por qué. Dudo que un cura o un cardenal pueda decirte por qué una pareja del mismo sexo destruye a la familia. Más de uno pensará “es que no quieren que un hijo crezca entre homosexuales”, pero es que eso no tiene nada que ver; ese es otro tema. A ellos les da igual que no tengan niños, ellos siguen pensando que destruye la familia.

La forma de pensar de los curas viene por la eterna convicción de que un hombre se tiene que unir en matrimonio con una mujer. Y esto es algo que es tan absurdo que siempre que lo oigo me entran ganas de reír. Un matrimonio es la unión ante la ley de dos personas (hasta hace poco de un hombre y una mujer), en la que ambos se comprometen a compartir su vida juntos y en la que ambos tienen derechos y deberes en conjunto ante la ley y el Estado. Sinceramente, no sé dónde está ahí la destrucción en caso de ser hombre y hombre o mujer y mujer. Porque, en caso de existir, también existiría para un hombre y una mujer.

Ah, ya sé, quizá se refieren a la procreación. Dos hombres o dos mujeres no pueden procrear. Pero es que los homosexuales no pretenden procrear. En principio, ellos se quieren y quieren vivir una vida juntos, simplemente (digo en principio porque el tema de los niños es otro largo tema de debate).

Ah, entonces quizá sea que ellos creen que si se permiten los matrimonios homosexuales, la procreación desaparecerá y la humanidad estará condenada a desaparecer porque ninguna familia será entre hombre y mujer, sino entre hombre y hombre o mujer y mujer. Joder, entonces será mejor que lo prohíban porque a mí me gustan las mujeres y no quiero que me gusten los hombres.

La Iglesia no se da cuenta que un hombre homosexual seguirá siendo homosexual aunque le pongan desnuda a una mujer buenísima delante. Un gay no podría procrear aunque lo intentara porque no se excitaría al ver a la mujer, y entonces el acto sexual no podría llevarse a cabo.

Quitando esas cosas, que ya hemos visto que tienen su explicación lógica, no entiendo por qué la Iglesia dice que los homosexuales destruyen a la familia.

Yo creo que lo que le pasa a la Iglesia es que sigue pensando que somos los mismos animales que fuimos cuando éramos monos. Aunque eso tampoco explica el porqué la familia se destruye con parejas del mismo sexo. Ellos piensan que un hombre debe gustarle una mujer, y si no es así, es que es algo raro. Sin embargo, ellos no saben que el hombre ha evolucionado porque piensa. El hombre ha modificado algunas de sus funciones básicas después de muchos años de evolución. El hombre no tiene por qué gustarle una mujer por fuerza. Nosotros, como humanos, tenemos la capacidad de que nos guste tanto un sexo como el otro. Porque entre nosotros existe el amor, cosa que ningún animal sabe lo que es.

Además, dudo que la Iglesia pueda hablar sobre matrimonio, familia y demás cuando ellos tienen prohibido casarse. ¿Cómo podemos confiar en una institución que nos prohíbe el matrimonio homosexual cuando ellos mismos nos hablan desde la más absoluta ignorancia? ¿Cómo podemos hacer caso de unos individuos que nos dicen cómo hacer el amor y con quién casarnos cuando nadie de los que lo dice lo ha hecho nunca?

Pues nada, el que quiera creerlos, que los crea. Seguid dándoles dinero, seguid acatando sus normas, rechazad el preservativo, los homosexuales y, en definitiva, haced lo que ellos os digan para no sé qué, porque dudo que Jesucristo le interese cómo hacemos nosotros el sexo o con quién.

A mí realmente los que me dan lástima son ellos. Desperdiciar una vida para prohibir, prohibir y no vivirla. Una verdadera pena. Pero ellos lo quieren así, pues allá ellos.

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