Hablar para las paredes

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Desde siempre he sido una persona que mis estados de ánimo han estado muy visibles. Es decir, que cuando estoy contento se me nota, igual que cuando estoy triste o cuando me sorprendo por algo. Tiendo a intentar contagiar este sentimiento cuando hablo con alguien, pero lo cierto es que pocas veces funciona.

De un tiempo a esta parte, me estoy dando cuenta que la gente pasa de mí cuando cuento algo, hasta el punto de demostrar sentimientos totalmente contrarios al que yo tengo. Por ejemplo, le cuento a un colega algo que me ha llamado la atención, y me muestro sorprendido por lo que vi, y mi colega, en vez de mostrar interés por lo que digo, apenas me escucha. Me mira como diciendo “joder, menuda chorrada”.

Cuento esto porque estoy harto de que la gente no muestre interés por lo que cuento. Estoy pensando que quizá debería ser como ellos y contar las cosas como el que cuenta ovejas. El que se quiera sorprender, reír, llorar o mostrar algún tipo de sentimiento por lo que digo, que lo haga, pero que no esperen que yo lo muestre al contarlo o al escucharlo.

A muchos no les importará en absoluto esto que estoy diciendo, pero otros se pararán a pensar lo que digo y quizá me den la razón. ¿Somos tan egoístas que nos importa una mierda lo que diga otro o cómo lo diga? ¿Somos tan crueles que no somos capaces de mostrar un poco de atención por lo que dice alguien?

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